Cuando la lógica cree poseerlo todo, la muerte es sólo misterio.
Un muerto en su féretro, aburrido de estar allí, aburrido de tantos gusanos, malos olores y del sin sentido de estar muerto, decidió suicidarse al anochecer.
Nadie de los muertos de aquel cementerio sabe a donde fue a parar después de la muerte; es aun motivo de pugna entre tantos cadáveres.
El esqueleto de un filósofo, que yacía en una bóveda vecina del hecho en cuestión, y que aprecio la escena de lo sucedido, propuso al resto de muertos enterrarlo, antes que se empezara a descomponer…