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El semejante

Desde su vetusta cama, Joaquín miraba por la ventana cómo las delgadas ramas se movían al compás que marcaba el suave céfiro.

Desde su vetusta cama, Joaquín miraba por la ventana como las delgadas ramas se movían al compás que marcaba el suave céfiro. Sus dos zafiros brillaban cetrinos mientras un sentimiento de angustia iba creciendo por dentro. De a ratos pensaba en su padre, el mismo llegaría en cualquier momento y como era de costumbre borracho.

Joaquín se estremecía de miedo ya que el hombre siempre encontraba alguna razón para propinarle una golpiza; tapado con la suave colcha a cuadros miraba a los valientes soldaditos que se encontraban estratégicamente ubicados en la repisa, apuntaban todas sus armas hacia la puerta en una clara postura defensiva.

La cerradura bramaba “todos a sus puestos” Joaquín tomó una postura decúbito dorsal fingiendo un estado de sueño profundo. Esta vez la madre que estaba observando lo distrajo invitándolo a tomar una cerveza.

Ella se sentaba junto a su esposo y lo observaba, en su mirada traía oculto un mensaje siniestro que sólo se desvanecía ante la presencia de su hijo. Fueron pasando las semanas y los meses con el mismo ritual esquivo. Una tarde Joaquín vio que su madre estaba recitando algo en su habitación; el pequeño no pudo con su curiosidad y puso el ojo en la cerradura, pudo ver una tenue luz de vela y a su madre sentada en el borde de la cama con los ojos blancos y la mirada hacia el techo, ella hablaba una lengua que Joaquín.

Aún no había llegado el hombre; el pequeño estaba en su cama miraba hacia el piso cuando su madre pasó por su puerta, él pudo ver la sombra de sus pies, y luego otros se sucedieron a los de su madre, para Joaquín fue una sorpresa ya que en su casa sólo estaban los dos; sintió miedo que lo llevó al borde de las lágrimas.

Como tantas otras noches su padre llegaba borracho, el pequeño pudo escuchar los guturales sonidos ahogados en alcohol, luego le procedió el chasquido del cinturón; él conocía muy bien ese sonido; ¿Pero a quién le estaría propiciando tal golpiza”? Entre el miedo y la curiosidad, ésta última salió triunfante y el pequeño se aproximaba a la puerta, con sumo cuidado abrió despacio y asomó la cabeza. En la cocina la escalofriante escena lo dejó pasmado, la madre estaba sentada en la mesa y de sus comisuras una sonrisa que no era de ella lo estremecía; el padre mientras se descargaba dándole lacerantes latigazos a Joaquín.

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2 Responses to “El semejante”

  1. daniel pratt dice:

    Terrible y estremecedor relato…y triste realidad para tantos, tantos pibes…
    Ojalá no sea real.
    Un abrazo, el Oso.

  2. hijodelfuego dice:

    Felicitaciones. Tratá de leer algun cuento de mi amigo Mad Dog; te van a interesar.

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