content top

El Rey Leiva

Maltratado por un padre alcohólico y golpeador, el niño-rey molestaba a sus compañeros de la escuela, hasta que la historia dio un giro inesperado.

Así que ese lunes fui al colegio con toda la alegría que se pueden
imaginar. Dentro del aula, la señorita me llamó la atención por
conversar demasiado.Los volví locos a mis compañeros. Yo mismo le saqué la lengua a “Pelusa”.

Llegó el primer recreo y salí para gozar de mi “liberación”, pero
ahí nomás me tomaron del brazo. Miré hacia mi costado y era el Rey
Leiva. Me asusté, pero sus ojos estaban más tristes que nunca.

Agachó la cabeza y me dijo:

-Perdonáme, lo que pasa es que aunque trabajo con mi padre él no me
da nada. Las monedas que te sacaba eran para comer algo con mi
hermanito. A veces mi padre me descubría las moneditas y se las
agarraba para ir a lo de “Don Julio” a chupar vino. Yo recibo de él
solamente esto: Miráme el lomo.

Se levantó el guardapolvo y la remera que llevaba debajo, se dio
vuelta y pude notar en su espalda los surcos hechos con el trenzado del
látigo. Estaban los recientes, pero también había varias marcas
cicatrizadas que evidenciaban tener más tiempo e indicaban un castigo
frecuente.

El “rey” era víctima de su padre. Un hombre borracho y golpeador. Se
comprendía el comportamiento de Leiva en la escuela. Para él, golpear a
los niños, sacarles las monedas y atemorizarlos era normal. Ése era su
ambiente, su crianza. Esto, por supuesto, lo entendí más tarde.

Sin embargo, terminó de hablar y yo sentí el deseo de compartir mis monedas con él. Leiva no quería tomar el dinero pero insistí hasta que accedió.

Desde entonces, por un tiempo, el “rey” fue mi amigo “más grande”, pese a la desconfianza de los demás chicos.

Un día Leiva salió de la escuela y jamás volvió. Nunca supe dónde
vivió, ni qué fue de él más tarde. Tendrá hoy unos cincuenta y tantos
años. Quisiera de todo corazón que Dios, con sus poderosas manos, le
haya curado todas sus heridas, las de su castigada espalda y las del
alma.

En el mundo actual, muchos chicos pasan por las mismas
circunstancias que atravesaba aquel lejano Rey Leiva de la escuelita
Sarmiento de Los Cardales. Algunos las superan, otros no. Las secuelas,
lamentablemente, pueden ser desastrosas. Esos niños, esos jóvenes
maltratados, necesitan la ayuda de quienes nos llamamos “adultos”.

El Rey Leiva quedó, también, como un recuerdo imborrable de aquella infancia eterna de Los Cardales.

5
Liked it
Etiquetas: , , , , , , , ,
votar


Leave a Reply