Relatos para la conciencia.
Mi novia quedó embarazada, y yo no quise responder como padre. No estaba preparado, así que me desaparecí de su vida durante todo el período de gestación.
Cuando la bebé tenía tres meses, llegó mi novia hecha madre a mi casa y me hizo entrega de mi pequeña hija Eva.
-Vuelvo en un año,_dijo.
-Quiero sentir qué es ser hombre.Aprende tú también a sentir qué es ser mujer. Eva no me extrañará; no aún.Volveré en el tiempo en que ella más me necesite, para ver si tú ya te sientes preparado. Y no me juzgues, que esto no es maldad, ni falta de instinto de las famosas madres, ni nada de aquello; ésto simplemente es lo que me dicta que haga mi parte interna; pues estoy segura que no hay mejor manera de aprender, que poniéndose en el lugar del otro.
Llamaré seguido para saber cómo está la nena; pero en un año la criarás tú.
Y quiero que pongas mucha atención a lo siguiente:
“Nadie, jamás, te volverá a dar una oportunidad así, pues esto es un regalo para madurar. Así que aprovechalo, porque yo, con todo lo que amo a esa niña y a ti, también aprenderé lo mío mientras sufro como loca.” Esto es amor verdadero; sacrificarse por ayudar al otro.Te amo y amo a Eva, pero debes aprender.Y si vuelvo y no lo has hecho,siemplemente cada uno seguirá su camino, pero yo me quedaré con la niña…
Me besó triste, abrazó a la niña dulcemente, dejó las pertenencias de la nena y se marchó llorado.
Me di cuenta cuánto la amaba a ella y a mi hija, y decidí criarla durante un año, para esperarla con los brazos abiertos.Porque todo lo que me dijo, era cierto. Sentí que otra parte de mí, había despertado, y que lo que ella hizo, sí fue un regalo de mucho sacrificio.
