Basado en un hecho real acontecido en Dique Luján, provincia de Buenos Aires, Argentina. Algunos de sus protagonistas aún viven allí.
Octubre de 1952
Las puteadas de Alfredo se oían a media cuadra
- Otra vez!!!, la puta que lo parió!!!-, Gladys lo miraba desde la ventana de la habitación en el primer piso de la casita que habían estrenado hacia apenas un año, justo frente al arroyo a metros de punta canal, en Dique Lujan.

- El viejo Nissi, seguro que fue el viejo loco de Nissi!!! Hijo de puta, lo voy a reventar!!!
- Calmate por favor Alfredo, no sabes si fue él, para un poco, te va a hacer mal…
- Mal le voy a hacer a ese desgraciado cuando lo agarre….
La bronca de Alfredo era mayúscula, esta vez no sólo le faltaban otras dos gallinas, sino que también le habían arrancado la puerta del gallinero con candado y todo, desde hacia un par de noches su plantel de ponedoras y batarazas había disminuido en seis miembros… todas las noches desaparecían dos, y las que quedaban estaban como atontadas, no ponía huevos desde el primer día y comían muy poco.
Durante el almuerzo el mal humor del dueño de casa fue declinando… el hecho de estar recién casado y tener una bella esposa era suficiente para tenerlo satisfecho, sin embargo la idea que el loco Nissi le llevaba las gallinas seguía dándole vueltas y vueltas por la mente.
Nissi era un tipo cincuentón que según se contaba en el pueblo había perdido el juicio cuando trabajaba como sereno del cementerio de Tigre, al parecer el hombre vio una noche en el depósito de féretros de la capilla del cementerio como uno de los cajones se bamboleaba y caía al piso, al tiempo que una mujer con mortaja salía de el.
El tío Mauricio sabía bien la historia y un día se la contó, al parecer la mujer sufría de una rara enfermedad llamada catalepsia que deja las personas como muertas, y aquella mujer tuvo la fortuna de no ser enterrada por el horario y logró salir de allí… el caso fue muy comentado por los diarios pero eso no fué suficiente para evitar que el pobre Nissi se volviera loco. Vivía solo en una rancho sucio en el otro extremo del pueblo, sin trabajo ni familia, y subsistía a duras penas con las cosas que le acercaban el padre de Alfredo; don José, su tío, y por supuesto Mauricio. Incluso lograron hacerlo bañar dos veces por semana y las hijas de don José se encargaban de lavarle la ropa cada tanto… como detalle curioso no usaba cinturón sino un pedazo de soga de seda de las que se utilizan para descender los ataúdes al foso…
Gladys le comentó a Angélica, su suegra, el enojo de Alfredo temiendo que hiciera una locura… sin embargo la madre de Alfredo la tranquilizó diciéndole que él sería incapaz de dañar a nadie, mucho menos a un loco…
lindas fotos en sepia, pegan bien con el relato.
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