El hombre lobo. ¿Una realidad o una leyenda?
-Srta., haga pasar al próximo paciente por favor.- Dijo mientras apretaba con el dedo índice de su mano derecha, uno de los botones del intercomunicador.
No obtuvo respuesta.
-¡Srta.!- Insistió alzando la voz. -¡Haga pasar al próximo paciente!
Fue como si estuviese hablando solo.
Tomó el aparato con una mano y lo golpeó sobre el escritorio.
-¡Ya dejó de funcionar otra vez ésta mierda!- E insistió: -¡Susana! ¿Me escucha?, haga pasar al próximo paciente.
Nada se escuchó por el altavoz.
-¡Si llegas a estar ahí y no me contestas zorra, te voy a patear el culo hasta que se me gaste el cuero del zapato!
Se puso de pié y salió de detrás del escritorio.
-¡Me cago en la jodida tecnología!- Exclamó sumamente irritado y abrió la puerta del consultorio.
En la sala de esperas pudo ver a un hombre de unos treinta y cinco años, de cabellos rubios, delgado, vestía pantalón de algodón gris y remera celeste. Golpeteaba con los dedos de su mano izquierda sobre una de sus piernas.
-Buenas noches.- Saludó.
-Buenas noches Dr.- Contestó.
-¿Sabe donde está mi secretaria?
-Dijo que iba a empolvarse la nariz.
-Si, claro.- Habló con cierto sarcasmo. – ¿Vd. Sigue?
-¿Ve a alguien más?
-No, claro que no.
-Entonces, a no ser que también esté el hombre invisible, sigo yo.
-Pase por favor.- Le franqueó la entrada mientras lo miraba entrecerrando los ojos.
Ingresaron al consultorio. El médico tomó asiento detrás de su escritorio y haciendo una seña con su mano izquierda, invitó al hombre aquel a que hiciera lo mismo.
-¿En que puedo ayudarlo?
-Espero que pueda. ¡Soy un lobo Dr.!
-¡Bueno! Que suerte para su esposa.
-No soy casado.
-Para su novia entonces.
-No tengo novia.
-Para su amante, ¿quizás?
-Tampoco. Vd. no entiende, soy un hombre lobo.
-¡Que bien! Así, junto con el hombre invisible que me dijo que no estaba, podemos hacer una película.- Se cobró la ironía de minutos antes.
Te felicito por tu articulo, muy bueno para todos!
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