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El loco David

Desde su mundo vino al mío para salvarme.

Todos buscaban la forma de mortificarlo y a la vez gastarle la broma más pesada para ser el centro de la atención.

Nadie de nosotros se detenía a pensar que “el Loco” David era un ser humano.

Sin embargo, pese al maltrato, David volvía todos los días para ver como jugábamos al fútbol.

En determinadas ocasiones se evadía del mundo y bailaba cerrando los ojos, con su mano derecha levantada y la izquierda puesta en el corazón.

Yo era uno más de los que se burlaban de aquel pobre hombre. No obstante, un día, no lo hice más.

Jugábamos un partido contra los chicos de quinto grado y estábamos perdiendo por un gol. La pelota iba y venía.

El viejo Lagos, que cuidaba el club; en cualquier momento iba a dar por terminado el partido para regar la cancha. Entonces jugarían los más grandes.

Cuando Lagos se acercaba con la manguera era la señal para retirarse.

¡Y perdíamos por un gol!… no podía ser, había que empatar.

De pronto en un ataque nuestro el arquero de los contrarios envió la pelota sobre el travesaño, era tiro de esquina para mi equipo. La pelota cruzó el alambrado y picando mansamente atravesaba la calle.

Corrí desesperado para buscarla antes que termine el partido, pasé por debajo del tejido de alambre que estaba detrás del arco y casi pisando la calle siento una mano que me toma del brazo y me tira hacía atrás.

Al instante escucho encima mío la frenada de un auto. Era un Falcon. El conductor con las manos aferradas al volante me miraba pálido y atónito.

Sin embargo yo estaba a salvo, a unos veinte centímetros del paragolpe del automóvil sujetado del brazo izquierdo por la mano del “Loco” David.

Lo miré y vi su rostro inmutable, como de piedra; los ojos agrandados por el aumento de los anteojos querían transmitirme muchas cosas, pero no podía.

David solo atinó a decirme con una sonrisa difícil de describir, como de niño tal vez:

-¡Te agarré!- y se echó a reír tontamente como acostumbraba.

Jamás volví a reírme de aquel pobre desgraciado. Hoy se que Dios utilizó al “Loco” David para salvarme de una muerte segura.

Cuando veo a esos seres que lamentablemente les ha tocado vivir en un mundo aparte, le ruego, le imploro a Dios que vele por ellos y que llegue el día en que todos tengamos la inocencia y el corazón puro de los “locos” como David, pero que muchos “normales” no tenemos.

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