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El lobo y el perro

Todos los seres nacemos libres.

Un lobo flaco y muy hambriento encontró en un camino un perro muy bien comido.

Dijo el lobo, óyeme, ¿en qué consiste que siendo yo más fuerte por naturaleza y mucho más valiente, no encuentro nada que comer, y en consecuencia estoy muerto de hambre?

El perro contestó: simple sirvo a un amo que me cuida y quiere, sin pedirle comida él me la da, me guarda los huesos y todo lo que sobra de la comida del día, sólo por resguardarle su casa.

Qué bien, contestó el lobo, si yo viviera bajo techo, harto de comida, pero camino solo, muerto de hambre, bajo la lluvia y todo embarrado.

Pero oye, dijo el lobo: ¿qué te pasó en el cuello? ¡Lo tienes pelado y sin pelos!

Eso no es nada – dijó el perro – uso collar.

¡Collar¡ dijo el lobo ¿y para qué?

Contestó el perro – mi dueño me lo coloca de día para encadenarme y, asegurarse que no me pueda ir. De noche, me suelta y me lo quita, y puedo ir y venir por todas partes.

O sea, dijo el lobo, te tienen la libertad coartada, me doy cuenta que eres libre pero a voluntad de tu amo.

Pues

El lobo dijó: adiós, porque si para vivir como tú, tengo que sacrificar mi libertad, te diré sigo muerto de hambre, caminando bajo la lluvia, pero totalmente libre, mi libertad no la condiciono a nada, ni a nadie, además no someteré mis cachorros a vivir amarrados.

Tienes familia, dijo el perro.

Si, tengo una linda lobita y cuatro cachorros, vivimos en la selva, somos muy felices y sobre todo, somos libres. Si Dios nos creó en libertad, nunca debemos condicionarla, ni perderla.

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