Los casos del inspector Gallardo.
-Claro que la pista más importante me la dio el médico forense. Gallardo hizo una breve pausa como para coordinar sus ideas y siguió:
-Aprovechando el atraso en el reloj del salón de belleza, se dedicó a llevar a cabo su plan, muy astuto, debo reconocer. Salió usted de su casa, se dirigió al lugar donde se guardan las herramientas y volvió. Ésta vez, llevando en una de sus manos lo que sospechamos fue un martillo de tipo que usan los carpinteros.
“Entró sigilosamente, tomó al ama de llaves por sorpresa y le descargó un golpe en la cabeza con el martillo, lo que le ocasionó la muerte. Hecho esto, salió por la puerta que da al jardín y rompió uno de los vidrios para que éstos cayesen del lado de adentro. Insisto, muy hábil de su parte.
“Cuando concluyó con eso, se ocupó en desordenar todo el lugar y el resto es fácil, subió a su dormitorio, abrió la caja fuerte y se hizo con las joyas. Teniendo esa coartada, ¿quién iba a sospechar de una mujer de su categoría?
“Al ver los vidrios rotos en el piso de la sala, pude notar que uno de los trozos tenía una leve mancha de color púrpura, imaginé que podía ser sangre, posiblemente del homicida, pero el forense comprobó y aseguró que coincidía con la de la víctima.
“Entonces mi pregunta era: ¿Cómo pudo el ladrón romper primero el vidrio, dejar una mancha de sangre en uno de los trozos y luego golpear al ama de llaves? Obviamente las cosas tenían que haber sido al revés, es decir, el que había cometido el homicidio, estuvo primero dentro de la casa y rompió el vidrio luego y si no tuvo usted la astucia de limpiar la sangre del martillo, seguro que cuando lo encontremos, ésta será otra cosa que se pondrá en su contra.
“Para concluir, supongo que el motivo del robo, era poder huir con las joyas junto al hombre con el que se citaba en el hotel.
-Casi perfecto inspector,- habló ahora la mujer serenándose. –Sólo equivocado en un detalle. El hombre del hotel era nada más que sexo, es otro el hombre con el que pensaba huir y a quién realmente amo.
-La policía no puede ser perfecta señora.- Sonrió Gallardo y mirando a Barreiro agregó:
-Colócale las esposas Luciano. Es tiempo de llevar a la dama a la comisaría.
-¿Puedo salir sin esposas inspector?- Pidió la dueña de casa. –No deseo que los vecinos me vean en tal situación.
-No hay inconveniente y como nosotros no vamos a hacer mención a lo de sus “amantes”,- observó al sargento. -¿Es así Luciano?
-Con toda seguridad inspector.- Contestó Barreiro.
El policía asintió con la cabeza y mirando una vez más a la mujer siguió:
-Lo que me gustaría saber es como va usted a justificar el robo de las joyas frente a su familia, además, cosa que en realidad desconozco, sería interesante que me dijera donde las escondió.
-Están en el desván, envueltas con un trozo de tela, en cuanto a lo de mi familia, ya veré que se me ocurre.
-No me cabe ninguna duda de que algo se le va a ocurrir, usted es buena para eso,- y agregó: -Al salir, por favor ponga llave a la puerta de calle, no queremos que alguien entre a robar.
Tanto los nombres de los personajes, los lugares que se mencionan, como la historia aquí narrada, son ficticios. Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.
El inspector Gallardo debería venir a trabajar a la Argentina.
Buena idea la de seriar los cuentos. Felicitaciones
Muy agradecido por los conceptos amigo Hijodelfuego.