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El desfile de belleza

Se hace de la vida una cosa banal.

Amanecía, el llano iba calentando y el trino alegre de las aves anunciaban el nuevo día. Ese día se celebraría el concurso del animal más bello del llano.

A medida que pasaba el tiempo iban llegando los loros, pericos, guacamayas, conejos, tigres, monos… En fin, ya todos ocupaban sus lugares, sólo faltaba la guacharaca.

Sucedió que antes del desfile, la guacharaca se vio tan fea delante de tantas bellezas que prefirió irse a otro lugar a llorar su pena. La guacharaca se decía: “Para qué voy a desfilar, ya se sabe quién va a ganar, puede ser el tigre, los azulejos o el tucán”.

Llena de envidia, rabia y tristeza, lloraba amargamente, pero vio algo que brillaba entre el gamelote. Voló hasta el lugar y se encontró con una caja de maquillaje y un espejo, y procedió a pintarse las plumas. Estaba afocante de bella, y se dijo: “Esta vez sorprenderé al jurado y todos caerán rendidos a mis pies”.

De hecho, impactó por la belleza y la proclamaron “Reina del Llano”.

De repente, se oyó un disparo y el loro gritó “¡cazadores!”. Todos se iban del lugar. La guacharaca intentó volar y por el pegoste de pintura no pudo; le tocó corretear.

El cazador dijo “qué animal tan raro”, y comenzó a perseguirla, pero empezó a llover muy fuerte. El cazador pasó cerquita de la guacharaca y no le hizo caso, pues había sucedido un milagro: la lluvia la había lavado y dejado como al principio.

La guacharaca, al percatarse de lo sucedido prometió no volverse a pintar y aceptarse como era.

Personalmente, concluyo que las personas debemos aceptarnos y amarnos como Dios nos hizO y ser siempre auténticos.

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