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El cortejo fúnebre

No le quedó más recurso que seguir en la fila que se dirigía hasta el cementerio.

En cierta ocasión un hombre se vio en la obligación moral, de acompañar a su amigo muerto a la ceremonia religiosa.

Como era un hombre ocupado, pensó que a la primera oportunidad, después de la ceremonia saldría de allí y se iría a hacer las labores acostumbradas.

Pero al salir, se encontró con que delante de su automóvil estaba la carroza fúnebre, y detrás de él toda una gran fila de automóviles en espera del cortejo.

No le quedo mas recurso que seguir en la fila que se dirigía hasta el cementerio.

Pero en el primer cruce de calles giro velozmente, saliendo de la fila de vehículos y acelero por ese camino salvador.

Pero no había alcanzado a recorrer unas diez o doce cuadras cuando vio por el espejo retrovisor que toda la fila del cortejo lo iba siguiendo.

Atrapado por el pánico, comprensible en estos casos, acelero lo mas que pudo, y cuando llego a la primera esquina se detuvo, se bajó y se puso a hacer como que arreglaba una rueda.

Todo el cortejo pasa en silencio y continuo adelante, por el camino que no era el correcto.

Dondequiera que fueran a parar, es cuestión que el hombre de esta historia, nunca encontró el valor de averiguar con nadie.

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