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El centinela

Una mala noche.

Aguanto la respiración durante unos segundos, afino el oído, lo suficiente, para darme cuenta que lo que se escucho tras la puerta es alguien que reza, es un rezo, pero muy rápido, creo que es el padre nuestro cada vez se oye mas alto, pero igual de rápido y esa voz, esa voz no es de este mundo. De repente se para, se hace el silencio, mi respiración es mas agitada, mi corazón a ciento veinte por hora, tres golpes fuertes en la puerta retumban en la habitación, esta vez, me doy cuenta que entre las sombras de la noche, hay una que se mueve, es alta, vestida con una especie de sayo, como si fuera un monje y la cabeza encapuchada no deja ver su cara, en el cinturón lleva una especie de rosario, pero la cruz esta invertida.

Parece que me observa, esta a los pies de la cama, lentamente comienza a deslizarse de izquierda a derecha, como un centinela haciendo guardia en un cuartel, pero no se le ven las piernas, a si se lleva un rato, de pronto, se para en medio, a los pies de la cama, acto seguido deja ver sus huesudas manos, con unas uñas sucias de barro o tierra que poco a poco van echando la capucha hacia atrás, de repente pasa un coche, sus faros proporciona una ráfaga de luz, que cruza la habitación entera, dejando ver una cara en estado de putrefacción, las carnes llenas de llagas, pústulas, pus y en los globos oculares, uno de los dos, no existía, solo el vacío de la muerte observándome, con el hueco lleno de gusanos y en el otro, el ojo le colgaba asta la mitad de la mejilla, sostenido únicamente por los nervios tendones y venas, no tenia labios y le faltaban varias piezas dentales y parecía sonreírme, la sonrisa de la muerte pensé.

Acto seguido, apoya sus manos en la cama y va acercando su terrible rostro al mío, ya puedo apreciar en su totalidad la horrorosa visión. El hedor nauseabundo que desprende, es insoportable, es asqueroso estoy apunto de desmayarme. Detrás de ese ser inmundo me parece ver como un túnel, como aquel que describen los que han tenido una experiencia cercana a la muerte, pero este no tiene una maravillosa y cálida luz, que te invita ha ir a un sitio donde ya sabes que vas estar bien, ni hay un pariente querido esperando, para guiarte en camino y que no te sientas solo, no, en este, se pueden escuchar los gritos de agonía, de dolor de los torturados los lamentos de miles de almas, que claman por la salvación, que rezan ahora lo que no han rezado antes, por un pequeño hueco en el cielo.

Por las paredes oscuras salen brazos y piernas retorciéndose, forcejeando, luchando unos con otros, empujándose hermano contra hermano, padre contra hijo, amigos contra amigos, como queriendo escapar de un pozo que les retiene y les succiona, sabiendo que la salvación ya no depende de ellos y al fondo hay una luz pero es roja, de sangre y fuego donde caen las almas malditas, allí se ven las siluetas de los demonios tirando a los desgraciados a los abismos que no tienen fin. aquella visión del mismo infierno hace que sienta nauseas y mareo su cara esta a un palmo de la mía, la cabeza me da vueltas voy a desmayarme, en ese preciso instante su apestosa boca se abre y me dice -¿Es que no me conoces?, vengo por tu alma, jajajajaja.

La voz retumba en mis oídos, lo escucho reír pero muy lejos, cada vez mas lejos y me llega la oscuridad, noto como me envuelve y caigo en ella.

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3 Responses to “El centinela”

  1. jucercon dice:

    me ha gustado ese relato,aunque pienso que te habrás confundio de que no es un centinela ,sino tu mujer dando vueltas por la habitacion..jjajjaja
    me ha encantado…¡¡

  2. akumgargo dice:

    Que tensíon, que bien escrito.
    Podrías escribir libros, y también hacer cortos…..es una historia un poco espeluznante pero engancha hasta el final

  3. LORENA S dice:

    Qué tensión,por dios!! Muy bueno,

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