El amor, la gran admiración y generoso cariño que eran capaces de sentir lo demostraban de muchas diferentes maneras, logrando con ello plasmar en sus letras el sabroso calor de la sincera familiaridad.
Recuerdo a un ex compañero de curso, hace ya algunos años, quien me contó una hermosa historia acerca del amor de la familia.
Su padre tenia que mudarse de esa casa en donde su familia había vivido desde hacia muchos años, y a mi amigo le toco revisar todo lo del altillo y botar a la basura todas las cosas que no fueran de utilidad practica. El pensó, que al revolver entre tantos trastos viejos y baúles cerrados desde hacia bastante tiempo, encontraría algunas cosas de valor como las estampillas que alguien en su familia pudiese haber comenzado a coleccionar, o sencillamente algunas notas de algún personaje importante como para poder presumir. Pero finalmente si encontró algo de un inmenso valor: cientos de antiguas cartas.
Comenzó leyendo algunas líneas de esas hojas y le pareció escuchar, desde muy lejos, las voces del pasado, perdiéndose en el calor de ese altillo, como si vinieran desde un túnel, desde el otro lado del tiempo. Esas cartas no comentaban hechos de la historia, ni se desgarraban con secretos amores ocultos, sino mas bien, relataban los acontecimientos comunes de las personas, como sus paseos, sus pequeños triunfos o sus llorados fracasos en sus curiosos y personales negocios. Hablaban de sus hijos y de cómo se les presentaba el tiempo. Todas esas cartas eran bastante comunes, si hasta cualquiera de ellos podría haberlas escrito, pero tenían una cosa muy especial.
Eran esquelas en las que se notaba mucho la gran emotividad, cosa que hoy no es expresada tan abiertamente, y la gente de esa época se profesaban entre ellos un verdadero y profundo afecto, y lo mas bello es que no lo escondían o lo daban por sabido, sino que lo demostraban con mucha intensidad, tanto que ahora nos podrían parecer demasiado inocentes pero no por esta razón dejaban de ser muy conmovedoras. El amor, la gran admiración y generoso cariño que eran capaces de sentir lo demostraban de muchas diferentes maneras, logrando con ello plasmar en sus letras el sabroso calor de la sincera familiaridad.
Todas esas antiguas personas no eran perfectas, por supuesto, pero lo que si tenían era una gran fortaleza, mucho mas de la que tenemos hoy día, ya que ellos podían hacerle frente a los problemas con una enorme presencia moral. Y al preguntarse de donde podrían sacar toda esa fuerza, la respuesta era dada por todas esas cartas que mi amigo tenia entre sus manos, ya que el amor se lo transmitían de los unos a los otros.