content top

Don Quiñones

A un ser humano excepcional, un padre, un amigo, un hombre de bien.

El partido fue difícil desde el comienzo. Al poco tiempo marcaron un gol y el mundo se venía abajo. Terminó el primer tiempo y nos sentamos al costado de la cancha con una sensación de frustración.

-¡Vos no agarraste una! me increpó “Cacho” Galarza.

-Y que querés, si no me puedo sacar al “Paisano” de encima, -respondí-

-¿Qué?, ¿le tenés miedo?, insistía Cacho.

Iba a contestarle mal cuando la voz paternal de Quiñones me frenó.

-Tranquilo muchachos. Nada está perdido, falta el segundo tiempo.

Nos arengó un poco. Dio consejo e impartió instrucciones para revertir la situación.

Faltando poco para empezar, Quiñones me tomó del brazo y me llevó aparte.

-¿Está pegajosa la marca, verdad?, me dijo con una sonrisa inolvidable, -pero tenés que sacártela de encima con un poco de astucia. Intentálo, pensálo, fijate que el “Paisano” es grandote y lento para reaccionar, no te apichonés.

Nos volvió a reunir y nos dijo:

-¡Tenemos que ganar si o si! Miren toda la gente que los vino a ver triunfar. ¡Delen con el gusto!

Salimos y el partido parecía tomar las mismas características que en el primer tiempo.

Yo seguía anulado por este flaco de piernas largas y duras como el algarrobo. Parecía mi sombra.

De pronto recordé los consejos de Quiñones, “es grandote y lento para reaccionar”.

En un momento Sachetto avanzaba con la pelota y tiro un centro al área para ver si alguien llegaba. Me hice el distraído y amagué volver en sentido opuesto a donde iría la pelota. El “Paisano” se dio vuelta también pero por reflejo miró hacia su área, yo giré al instante y en segundos me encontré con la pelota que Rubén había puesto como “con la mano”. Con mi pierna hábil, la izquierda, saqué un zurdazo que se clavó en el ángulo derecho del arquero.

El empate nos fortaleció. Yo miré a Quiñones quien me levantó la mano derecha con el pulgar hacia arriba. Vi su rostro encendido de euforia, como si fuera un chico más.

Lo que siguió fue increíble. El “Paisano” no pudo pararme por el resto del partido. Entre Galarza, Sachetto y yo los volvimos locos.

Rubén Sachetto marcó un golazo y ganamos 2 a 1. Nos llevamos los trofeos y todo fue algarabía entre aquellas almas criollas que nos habían ido a alentar. Aun hoy resuenan sus gritos de alegría en mis oídos.

Pero lo que más recuerdo es el abrazo con nuestro querido técnico.

El tiempo fue pasando y no pude volver a ver a Quiñones. Sin embargo dentro de mí quedó mucho de él.

Pienso que a veces, en las confrontaciones diarias que se sucedieron a través de los años, me faltó el calor de su abrazo, la calidez de sus palabras, la franqueza de su mirada, y la aprobación de su mano derecha con el pulgar levantado.

Se que él siguió por sus rumbos juntando niños con el fútbol. Pero más que adiestrarlos para correr detrás de una pelota, Quiñones les enseñará a gambetear los obstáculos que este mundo les pondrá en el camino.

Los chicos que rodeábamos a Don Quiñones en las tardes futboleras del pueblo, nunca olvidaremos su paso por nuestras vidas.

Es que él siempre estará habitando los recovecos de la memoria de aquella infancia eterna de Los Cardales.

2
Liked it
Etiquetas: , , ,
votar


Leave a Reply