Basado en una noticia algo irrelevante: la eliminación de una parada de autobús ubicada en un pueblo de Venezuela llamado el Tejar. Este hecho, combinado con imaginación y creatividad, formó la historia a continuación.
El reloj suena “tic-tac-tic-tac” y el final comienza a llegar, un final que asombra, un desenlace algo surreal, en donde la realidad hace un giro de noventa grados y me doy cuenta de que aquel accidente tuvo graves consecuencias.
El viento soplaba fuertemente, tan fuerte que los árboles se sacudían y mi cabello se despeinaba, hoy era día lunes y me dirigía a trabajar, como todos los días de la semana tenia que caminar 200 metros bajo sol, poniendo a prueba mi cuerpo con el calor, a paso lento y fuerte hasta llegar a la parada del Tejar, siempre llegaba primero que todos, aunque este días un señor de cabello blanco como plumas de paloma y de ojos azules como el mar se encontraba en la parada antes que yo, sorprendido le pregunto:
- Señor, señor ¿usted de donde es? tiene pinta de ser gringo
Con tan solo una mirada hacia abajo me dio a entender que no era una persona muy amable, a pesar de tener un aspecto físico amistoso, podía sentir un aura extraño a su alrededor, parado a su lado mientras el reloj sonaba: “tic-tac-tic-tac” a la espera, al rato pasa una gandola color oscuridad tan grande que parecía un buque con ruedas, que al pasar hizo un estruendo que me dejo sordo y ciego por el polvo que levanto, al recuperar la vista y el sentido auditivo me percato que aquel sujeto misterioso ya no se encontraba en la parada, asombrado comienzo a buscarlo con la mirada y logro ver llegar a las personas que siempre vienen a la parada, comento a uno de ellos:
- Epale hermanito, ¿no viste pasar por allá un hombre de aspecto extraño?
Y haciendo una mueca de rareza en el rostro me responde
- ¿Que hombre de aspecto extraño estas hablando?, de por allá solo venimos nosotros.
Extrañado por lo sucedido no le doy mucha importancia y supongo que el hombre simplemente se marcho y ya. El sol comienza a sentirse cada vez mas y el reloj llega a la hora tope de espera del autobús, y el autobús nunca termina de llegar. Ya es la cuarta vez en este mes que sucede esto, todo por culpa del vendito concejal Franklin Méndez, desde que se antojo de querer cerrar esta parada ha hecho difícil la llegada de autobuses para acá. Cansado de esperar comienzo a caminar pidiendo cola, a los quince minutos recorridos una camioneta se detiene, manejada por un humilde campesino que dice::
Muy buena narrativa, segui asi y Felicitaciones.
Saludos desde Ecuador
Tienes mucha imaginación y escribes bien. Te felicito, aquí escribimos más por la satisfacción de ser leidos que por la regalía que podfamos ganar.
Saludos y Bendiciones desde Perú