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Descontando flores del jardín

La naturaleza humana y la suma de todos sus caprichos.

La naturaleza humana y la suma de todos sus caprichos. Cada día es parecido al anterior hoy vuelvo a tener el mismo deseo que es mas antojo y capricho. Somos todos tan parecidos estamos cortados con la misma y mordaz tijera. Pero Ernestito tenía algo que lo diferenciaba, cuando sus amigos tenían un juguete querían dos y cuando tenías dos querían cuatro, pero él sólo quería uno, a lo sumo dos y a veces cuando dos tenía regalaba uno a algún niño más pobre que él. El niño odiaba los shoppings el sólo hecho de entrar lo mareaba y lo ponía de mal humor, deseaba salir a respirar aire fresco y mirar la luna y las estrellas, la gente caminar.

Cuanto de grande tenía su corta estatura, cuanta idea y fresca mirada. La televisión raras veces visitaba, prefería a la vieja pelota que de tanto pegarles a las ásperas paredes gastadas estaba. Sus eternos pantaloncitos ya descoloridos por las eternas luchas en la plaza se negaban a cederles el paso a sus mayores. El dinero poco importaba, lo más preciado era la calle ese vasto universo de piedra que estaba repleto de aventura y adrenalina. 

Cuando pasaba por la puerta de María respiraba hondo y caminaba con gracia, nunca la miraba ya que si lo hacía indefectiblemente caería bajo sus hechizos. Ella lo veía pasar y suspiraba de amor. Los inviernos pasaban como pasan los pájaros. Los cortos cedieron el lugar a los mayores, las calles eran las mimas, las mismas vecinas regando las plantas a las siete, los eternos árboles, y la desierta casa de María que me mira cuando camino por su vereda cada mañana.

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