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Deja vú

Enigmática historia de ficción.

Desde la caída de Klingsor, hemos dormido muy poco.

Cansados de luchar, extenuados por la exigencia, dormimos sobre los caballos, usando los crines de estos para cubrirnos de las inclemencias del tiempo otoñal. Raygoza piensa que en breve los bávaros serán los dueños del mundo. Yo me he reído más de una vez, pensando en la inutilidad del tiempo.

Si Klingsor era un conjunto de renegados por las guerras intestinas y el imperio nos sacó  dentelladas gracias a su ignominioso Kroll con su espantoso ojo gigante, vivir entre los arbustos y pensando que todo va a cambiar por sí sólo, es casi una utopía.

De súbito, reencienden las luces…

La fortísima luz nos obliga a cubrirnos con las manos. 

El enorme navío interestelar del emperador está aterrizando majestuosamente.

Desenvaino la espada, dispuesto a pelear.

En cambio, me detengo abruptamente.

Una versión mía, considerablemente mayor, me saluda con un estilo militar, como en tierra media.

“¡Salve, Emperador de los Alsacianos!”

Y no sé que responderle.

“¿Quién eres?”, pregunto azorado.

“Tú eres yo, no temas. He venido a decirte que la Confederación ha caído a veinte años-luz de aquí, y he sido enviado como un replicant tuyo para advertirte que estás en un espacio tiempo alterno”

“¿Eso que significa?”

“Que el Emperador de la realidad, eres tú. El Libro de las Memorias del Imperio, te señala como el Elegido para el Trono de Alsacia…Debes venir conmigo”

Entonces despierto…

Desde lo alto del rascacielos de Nueva Cork donde vivo, el sueño me ha parecido demasiado real…

Entonces, una hermosa joven entra por una puerta virtual, e inclinándose ante mí, saluda con tono reverente.

“¡Salve, Rey de los Alsacianos!”, y me descubro como un líder imperial en la Tierra del siglo XXI.    

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