Qué ricas tortillas comió la noche cuando el tecolote te recordó la hora: las doce, la una, con cu, cu, cu, cu.
Quién sabrá siquiera qué hora le toca, que toca la rama vecina del lago que si tiene fondo, doncella cubierta de ropas de grana, que gana amoríos de gente sombría por ser de noche…cu, cu.
Qué loco esta el coco de este cocodrilo, ¿lo viste?, pasó llevándose al gato, al cachorro de león, hecho cascajo, carajo, ¡qué es eso!, ¡qué palabra!…palabra, palabras que brincan sin pensar si ofenden al sabio y al torpe que las lee sin lengua, ¿sin lengua?, ¡claro! sólo esta leyendo leyendas de hadas que revolotean muy cerca del agua.
Qué bello paisaje, que el paje del rey le da coraje, anda ve y sonríe, mira de nuevo el paisaje, ya es amanecer, no se escucha el cu, cu, pero el gallo canta a la gallina que pone, que mezcolanza del tiempo, el día, el alba, que no es color alba, solo de colores, carcajadas de rojos.
El negro paso con su amargo llanto cu, cu, cu, cu…las sombras huyeron como torbellino del bello molino del tiempo sin tino, las urracas cantan: ya es de madrugada. Se levanta la fina niebla que cubrió el destino de tiempo continuo sin cucus ni nada.