Un niño que deseaba poderes.
Un cubrecama. Eso es lo que él quería. Pero no cualquiera, sino ese que siempre quiso. El cubrecama con el escudo de superman. Miro a su madre con carita de perro que le pide una caricia al dueño y aplastando la nariz sobre la vidriera le dijo: “ese mami, ese es el cubrecama cuyo poderes especiales me van a proteger de los monstruos que aparecen todas las noche en mi habitación”.
Y la frase cumbre : “¿me lo comprás?”. La madre, acariciando su cabellera casi ondulada, musito: “mira nene, por lo que gana tu padre te recomiendo que te hagas amigo de los monstruos, porque a esos súper poderes no lo vas a tener en tu puta vida”. El niño no dijo nada, había entendido. Se llenó de orgullo, levantó la frente, siguió caminando, y sin que nadie lo viera, se secó la lágrima que ya había llegado a sus labios.
Otro final: El niño no dijo nada, había entendido. Se llenó de orgullo, levantó la frente, siguió caminando, y sin que nadie lo viera, le pegó una patada a la madre en la canilla que se la quebró en tres partes.
El relato es autobiografico. Sr. Amo de la Oscuridad?