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Pepe pintor y el bosque encantado

Este cuento lo escribí para el jardín de mi nena (era una tarea que la seño propuso a los papás). Espero que les guste.

Pepe Pintor se ocultó tras una roca enorme y miraba con los ojos desorbitados la escena que se presentaba delante de él. Los pajaritos, con partitura en mano ensayaban una canción y un sapo de saco rojo los acompañaba con el violín. Un búho de ojos enormes miraba la hora sin para (aunque Pepe Pintor nunca supo si se le hacía tarde para algo). Los árboles hablaban con las flores, algunos animalitos bailaban y otros (los mas perezosos) dormían; en fin, nadie se había dado cuenta de la presencia del niño, hasta que él fascinado con lo que veía y escuchaba salió de su escondite cantando y bailando al compás de la música. Cuando los habitantes del bosque lo vieron quedaron inmóviles y mudos.

Fue el búho del reloj el primero en hablar:

- ¡OH! ¡Que tragedia! ¡Que barbaridad! ¿Cómo pudo suceder esto? – se lamentaba. Después de él, todos comenzaron a murmurar:

- ¡Esto es terrible!

- ¡¿Qué va a pasar con nosotros?! – se escuchaba. – ¿Como pudimos ser tan distraídos?

Al escuchar tantos lamentos Pepe Pintor sintió curiosidad y preguntó:

- ¿Cuál es la tragedia? ¿Qué es lo que va a suceder?

Entre todos trataron de explicarle a Pepe, de la manera más clara, lo que estaba pasando, y el no pude evitar pensar que el bosque desaparecería por su culpa. El niño estaba consternado. Y se sentó a pensar cual podía ser la solución a semejante problema. Estaba inmerso en sus pensamientos cuando escuchó al zorrino decir:

- ¡Miren todos! El bosque ya empezó a desaparecer. Estamos perdiendo nuestros colores.

Y era verdad, porque cuando Pepe Pintor levantó la cabeza, todo lo que sus ojos podían ver se estaba destiñendo, y a medida que pasaban los minutos todo el bosque se tornaba cada vez más gris. Fue en ese momento, que Pepe se levantó con una sonrisa en la cara: – ¡Ya tengo la solución! – exclamó – ¡Mi mochila! Y delante de todos vació el contenido de la mochila en el suelo, lápices de colores y papeles brillantes se desparramaron por doquier. Todos tomaron lápices y crayones, papeles y pegamento y comenzaron a colorear todo lo que se había puesto gris (Pepe Pintor pensó que el lugar se parecía bastante a su salita del jardín) Después de un largo rato, estaba todo como debía ser, o casi todo, porque la tortuga que no veía muy bien había pintado al oso con pintitas de colores (pero eso no fue un problema porque al oso le gustó su nuevo aspecto).

Finalmente y gracias a Pepe Pintor el bosque encantado no desapareció. Cuando Malmag se dio cuenta de lo que pasaba se enojó, e intentó realizar el hechizo nuevamente, pero esta vez Buenmag estaba despierto y pudo impedirlo. El bosque sigue siendo encantado, pero desde ese día todos lo que lo habitan pueden hacer lo que quieran; y como a la gente le gusta escucharlos y verlos bailar, de tanto en tanto reciben visitas. Sobre todo la de Pepe que se convirtió en el mejor amigo de todos… Y colorín colorado, este cuento se ha terminado.

¡Ah! Me olvidaba, Malmag ya no es malo, y ahora vive en el bosque que tanto le gusta, solo que ya no intenta dominarlo, solo quiere disfrutarlo. Ahora sí, colorín colorado, este cuento otra vez se ha terminado.

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