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Cosa de hombres

Una historia gay en el chat.




Arnoldo era un joven introvertido. Cansado del rechazo de las mujeres, no llegaba a comprender el motivo. Se miraba al espejo.  Observaba con especial atención su metro ochenta y cinco,  sus ojos negros rasgados, su físico bien cuidado y no lograba entender porque nadie le ofrecía un lugar. No tomaba drogas, casi no bebía, no fumaba, tenia un trabajo digno y bien remunerado, vestía de marca y todo parecía estar en su lugar salvo por una cosa: Estaba sólo, siempre sólo, y esto lo apenaba.

Tiempo atrás un amigo le había instalado en su PC un “programita muy piola” para poder comunicarse con gente de todo el mundo.

“¡Eso es lo que necesito! ¡Algo que me ayude a comunicarme con la gente!” -pensó Arnoldo-. Al cabo de algunos intentos fallidos, el programa estaba listo para ser usado.  Un par de clicks en los lugares correctos y el mundo estaba listo para recibir sus palabras.

Unos cuantos chats a lo largo de varias semanas le habían otorgado cierta reputación entre los frecuentes internautas. El cyberespacio le otorgaba un lugar que el mundo real le negaba.

Una de esas noches el Arnoldo del chat  – seguro de si mismo, divertido, enigmático, verborrágico y a veces un poco soberbio – decidió aceptar la invitación de un amigo y entrar en un canal gay.

La cantidad de “horas de vuelo” logradas en corto tiempo le habían otorgados también algunos vicios típicos de ese mundo, por ejemplo cambiarse el nombre. Esta nueva experiencia ameritaba el uso de este recurso, pensó durante algunos segundos en cambiar el rústico Arnoldo por un sofisticado Damián, “Eso es lo que necesito para terminar de redondear mi nueva personalidad – pensó con entusiasmo – …Un nuevo nombre”!

Munido de su nueva identidad, se adentró en el canal gay esperando ser contactado por alguien. Grande fue su sorpresa cuando a los breves segundo de estar conectado decenas de ventanas en privado se empezaron a abrir queriendo justamente… comunicarse con él.

A los pocos minutos de charla con varios fulanos del canal, se descubrió en una situación bastante confusa:  se sentía  reconfortado del asedio. Esto lejos de amilanarlo le dibujó una sonrisa y se aprestó a indagar en detalle alguna de las propuestas. El afortunado fue Lucas. Mitad azar, mitad destino. unos segundos después estaban chateados en un privado.

Lucas: ¿De donde sos?

Damián: De Capital, ¿vos?

L: También, yo estoy en Palermo, vivo sólo en un 2 ambientes a la calle

D: Ahá! Estamos relativamente cerca…

L: ¿Sos hetero, gay o bi ?

Damián pensó rápidamente, parece que Lucas no iba a perder tiempo, asi que también sin saber muy bien porque eligió una de las opciones…

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