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Cinco amigos

Qué apodo tan infame le pusieron a su amigo, pero es que no notan que es un apodo malvado.

Los conozco a todos que con sus risotadas; creen que me van a engañar y se creen muy inteligentes, ya verán lo que les va a pasar. Para muchos de estos vagos burlones, lo que les urge es tener un excelente cuerpo, físicamente perfecto. Pero el Topo no le preocupa nada de eso, se esfuerza no para hacer m´ss de lo que puede, se esfuerza por hacer bien, simplemente el que puede. ¿Qué no ven que no ve bien? Se ha fortalecido por el fuego del sufrimiento, ha traspasado el engañoso espejismo de la ilusión.  El sufrir o el gozar no le da mucha importancia, a lo que sí le pone mucho interés es a cumplir con su deber.

El Topo les instaba a los presumidos bobalicones, que el dinero como el saber son menos importantes que tener un carácter a prueba de pruebas. Que existe una chispa divina en cada uno de nosotros, en nuestro interior, en nuestro yo. Que presumir vanidades y divertirse a costa de él, era simplemente elevada lujuria sin más. Que cualquier trabajo por diferente que sea, si se hace a conciencia vale igual uno que el otro. Que el querer a la fuerza sobresalir es una ceguera que raya en la obscenidad. No sean tercos, les decía, no sean obstinados en la maldad, trae funestos frutos que los hará tropezar.

Por supuesto no respondían a su llamada tan lógica, ni caso le hacían. Estos cuatro dizque amigos, malgastaban su pobre vida arrastrando mil trabajos por tratar de lograr lo que no les era posible. Querían ser gerentes, ser contrabandistas, astronautas etc. Etc. Según las noticias de los grandes personajes, estos chamacos lo tomaban muy en serio y eso mismo querían ser, sin esforzarse un poquito. Vivían pendientes de la moda, de las novedades fuertes, de los periodicuchos amarillistas. En fin, así era su vida.

Paso el tiempo, y los que antes eran chamacos, ahora ya son señores. A dos de ellos no les fue tan mal, en especial uno de ellos que por su buena suerte se junto con una mujer esforzada, aseada, guapita,  que le dio dos hijos sanos que los mandaba a la escuela. El otro tuvo un hijito, medio debilucho, su mujer no muy consciente de la vida, pero a tropezones, no les iba tan mal. Los otros dos, ¡pobres cuates!, uno cayó en la cárcel por vender polvo del bueno en las calles y en las plazas, para poder, según el, hacerse rico en un rato. El otro se lanzo por los licores y drogas y tan miserable estaba que hasta al thinner le entraba, perdió casi un ojo en una reyerta y el otro por lo que bebía, a penas si podía distinguir.

Los cinco amigos que de chicos fueron tan unidos, ya casi no se podían ver y menos visitar, ¡tan amigos que fueron!, pero el tiempo y los diferentes caminos, o rumbos mas que caminos, que tomaron cada uno, los lanzo por la vida sin ataduras de amistad. No se ayudaban para nada, cada ratón a su escondrijo. Así de fácil.

El único que les fue fiel, fue aquel que vivió vejado y maltratado, que salio avante en la vida con un trabajo remunerado, casado con una cuatro ojos igual a él, con cinco chilpayates muy bien educados, ese tal, era el que le llevaba de comer a aquel abandonado amigo que se tiró a las drogas, de vez en cuando platicaban, de vez en cuando hasta se reían, pero solo de vez en cuando.

EL LOCOFISH 

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One Response to “Cinco amigos”

  1. Thanks for your marvelous posting! I definitely enjoyed reading it, you can be a great author.I will remember to bookmark your blog and will come back from now on. I want to encourage you continue your great posts, have a nice afternoon!

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