Adaptación cómica del cuento de Blancanieves.
A la mañana siguiente, despertó y se encontró rodeada por siete personitas.
-¿Quiénes son ustedes?
-Yo soy Yaya y ellos son: Yeye, Yiyi, Yoyo, Yuyu, Yuyo y Yeyo- dijo una enanita, la única del grupo.
-Somos los dueños de la casa- dijo Yuyo -¿Y vos?
-Yo soy la princesa Blancanieves.
Los enanitos se rieron de lo que la joven había dicho.
-¿Sabes que tengo moto?- preguntó Yeyo.
-¡Yeyo!- exclamó el resto de los enanitos.
-¿Y por qué no estas en tu castillo?- preguntó Yeyo.
-No puedo volver al castillo. Mi tía no me quiere y mandó a un asesino para matarme. Pero Paris y yo nos enamoramos. Por eso él no me mató. Pero igual, no puedo volver al castillo o mi tía intentará matarme otra vez. Ella está celosa porque yo soy más linda que ella. Pero yo no tengo la culpa de ser tan hermosa.
-Bueno, “Princesita”, si te querés quedar en esta casa tenés que lavar, planchar, tender las camas, barrer, regar el jardín, cocinar y por las tardes, atender nuestra boutique.
-Nosotros trabajamos todo el día en la otra sucursal de nuestra boutique y no tenemos tiempo de nada, necesitamos vacaciones- agregó Yaya.
-Está bien, pero ¿qué es una “boutique”?
-¿En serio no sabes lo que es?- preguntó Yiyi.
-No.
-Es un negocio de ropa- explicó Yuyu.
-Bueno, andá a preparar el desayuno- ordenó Yiyi.
-No, no, no- dijo Yoyo -El desayuno lo preparo yo y nadie más.
Esa tarde, mientras Blancanieves abría la tienda una señora muy bonita que llevaba un vestido floreado y de muchos colores, visitó la “boutique”.
-Buenas tardes jovencitas- era nada más y nada menos que Casandra que se había enterado que Blancanieves vivía.
-Buenas tardes señora, ¿qué desea?
-Vengo a hacerte una oferta que no puedes rechazar. Yo te compro un vestido y vos a cambio me compras estas pastillitas nuevas. ¿Sí?
Blancanieves lo dudó un poco y luego aceptó. Probó una y enseguida se desmayó. Casandra, al creerla muerta, huyó contenta.
Al rato llegaron los enanitos, y encontraron a la chica desmayada. Luego de despertarla, Yuyu, el más adulto del grupo, la retó: “No podés descuidar la boutique así. Ni siquiera preparaste la cena, Blancanieves”.
Los enanitos fingían no quererla, pero en el fondo de sus corazones la adoraban.
-Bueno, vamos a casa- dijo Yaya.
Al otro día Casandra volvió disfrazada de vendedora de manzanas. Le ofreció una a la joven y ella dijo:
-No sé si debo comerla…
-¡Come, niña, come!- exclamó la tía.
Blancanieves probó un trozo y al instante, se desvaneció. El veneno que había comido esta vez sí la había matado.
Éste puede ser el fin de la historia, para los que así lo quieran, pero para Blancanieves y los enanitos éste no es el final…
Yuyo fue quien la encontró y hasta Yoyo por ella lloró.
Los enanitos la llevaron al castillo. Despacio y con cuidado se dirigieron todos a su habitación. Paris, que allí se encontraba, quiso apoyarla sobre la cama, pero una falla en los planes hizo que Blancanieves rodara hasta el otro extremo de su lecho y cayera al suelo. Esto hizo que vomitara el veneno.
Paris besó a Blancanieves y vivió feliz con ella.
Casandra se pudrió en la cárcel y los enanitos se compraron una casa más grande y contrataron a un par de enanitas para que atendieran la boutique.
Blancanieves llegó a ser reina y sus hijas princesitas. Éste sí es el final de la historia.
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