¿Cómo sería poder sentir el dolor que le has causado a la gente? Y sentir que te reclama, sentir su rabia, su angustia. ¿Qué tan duro sería sentir tu propia dureza?
Era una noche oscura y tormentosa, las calles parecían pequeños ríos y los viejos edificios parecían llorar su amargura y desesperación de años, por los oscuros callejones de la trepidante ciudad paseaba al parecer sin importarle el terrible clima un desconocido personaje de la ciudad, un hombre despreocupado, común como cualquier otro, un tanto triste, un tanto alegre, un tanto enojado a la vez, se llamaba Kevin Kinkaid, era un tipo vulgar, común y depravado como ya he dicho similar a cualquiera de nosotros, pero a él le asqueaba el mundo, la maldad circundante, la degeneración de las personas, la obscenidad, la mediocridad y debilidad de la gente, la corrupción, la perversidad, la lujuria, la avaricia, la soberbia, la pereza y la gula, el odio, el rencor y la mentira, sin embargo el mismo estaba sumido en este mundo sin poder salir, mentía, robaba, deseaba, odiaba y a la vez que aborrecía todo aquello, no podía dejar de hacerlo.
En aquella oscura noche con el cielo cayéndose a pedazos, con los rayos clarísimos y penetrantes, con el ruido sordo y fragoroso de la tormenta y los truenos, Kevin se movía inquieto sin saber a donde ir, sentía una extraña opresión en el alma, quiso alegrarse visitando un bar como era su costumbre, pero ni la ingesta de su licor favorito pudo librarlo de aquel raro pesar, platicó con sus amigos, luego salió y siguió andando bajo la tenaz tormenta que no parecía dar descanso a su impetu y su fuerza, caminó aún más aturdido por las calles aviejadas, vió su reflejo en los charcos y jugueteó con las frías gotas de pronto se paró en seco, un extraño personaje había aparecido frente a él, era un tipo disfrazado de payaso, alto, delgado, con el cabello rojo y largo y una extraña sonrisa, una chaqueta de cuero, una camisa blanca, pantalones negros, enormes zapatos negros y unos ojos vivaces e inquietos, realmente se veía gracioso, pero había algo en el, algo que Kevin no podía entender pero que lo hacía retroceder con desconfianza y temor.
Buena historia.
Lo importante, creo, es darse cuenta si cometes un error, pero estos, casi siempre, estan condicionados con las cosas que nos pasan. En innumerables ocaciones creemos hacer lo correcto, pero la verdad es que estamos causandole dolor a otros. Darse cuenta de esto es importante. No importa que sea después. Ya que en tus manos esta la posibilidad cambiar la situación entregando tu afecto.
Un saludo.
gracias por tu comentario mythos, sabes yo creo que solo se cambia cuando aprendes y solo aprendes de duras experiencias pero lo que te mueve a ser bueno bondadoso y piadoso es la gracia de Dios. Un saludo