Una muchacha muy abnegada y servicial que atesora en lo más íntimo el deseo de convertirse.
Él, consciente de la situación tomo distancia y con mayor despotismo dijo.
-Todo lo que contienen estos borradores es mío por cierto, por lo que pude leer todo esto que ha copiado aquí es de mi propiedad. El trabajo no puede ser suyo, es imposible, usted nació para servir no para escribir. Para ser escritor se necesita preparación, talento, imaginación y le puedo asegurar que eso es lo que le falta justamente. Pero pensándolo con detenimiento, usted ha estado robando, me ha robado descaradamente.
-No Sr., repetía Amelia. Yo jamás podría robarle, ¡jamás!
-No le creo insistió él- Luego se le acerco como desafiándola, la miro fijamente y con una voz muy suave le dijo convengamos entre nosotros que usted me vigila día y noche sin descanso y además interfiere en mi espacio, en mi tiempo. Usted conoce perfectamente, mi capacidad, mi aptitud. Y ha estado robando todo este tiempo como una rata hambrienta abusando de mi confianza. A cometido un grave delito y por tal razón he de castigarla, debe marcharse inmediatamente de esta casa.
Ella lo escuchaba atónita estaba aturdida, enajenada, un par de lágrimas comenzaron a rodar rebeldes por su rostro enmudecido y fue ahí que él se conmovió, diciendo…
No tenga un mal concepto de mi criatura, pero sepa que el mundo es como es y ya no se puede cambiar, este trabajo en sus manos para un entendido es un garabato. Inevitablemente las letras tienen dueños y se inmortalizan o perecen cual frágiles alondras surcando los cielos.