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Aladín y el genio de la botella de vino

Adaptación bastante cómica de Aladín.

-Así es. Menos novia, mujeres, bebidas alcohólicas, que reviva algún muerto o algo parecido.

-¿Dinero? ¿Puedes convertirme en príncipe Aladín?

-Por supuesto.

-Entonces… ¡Hazlo!

La cantina se llenó de humos azules, rojos y amarillos. Las ropas de Aladín se transformaron en ropas de un príncipe. El cantinero y los borrachos se convirtieron en sirvientes. La cantina se transformó en un hermoso castillo. Además aparecieron hermosas odalisca que realizaron un baile alrededor de el príncipe Aladín.

El mago no lo podía creer, el Genio lo sacó a la fuerza y lo dejó en el medio del desierto.

Aladín estaba muy feliz. Una de las odaliscas se le acercó ofreciéndose como dama de compañía. Él aceptó.

-¿Cómo te llamas?

-Jazmín.

-Quiero que te pongan una cama en mi misma habitación.

-De acuerdo, Aladín.

Mientras se vestía, en su habitación, Aladín notó que la sábana de su cama se movía. Era una sábana voladora. Se subió y recorrió el castillo volando.

-A Margarita le encantará.

Jazmín lo oyó y se puso celosa.

A la noche siguiente, Aladín fue al castillo acompañado por Jazmín, la Sábana Mágica, el cantinero y el Genio.

-Buenas noches, mi Sultán.

-Buenas noches, príncipe. ¿Qué lo trae por aquí?

-Me gustaría poder ver a su hija Margarita.

-De acuerdo. ¡Llamen a Margarita!

Una joven princesa con un vestido celeste, el cabello rubio y unos ojos hermosísimos, que cubría su rostro con un velo, apareció.

-Buenas noches, padre. Buenas noches a todos- la princesa le guiñó un ojo a Aladín.

-Mi Sultán, permítame llevar a su hija a dar un paseo en mi Sábana Mágica.

-Será un placer, ¿puedo probarla yo primero?

-Por supuesto.

La sábana mágica voló hasta los pies del Sultán. Él subió y la Sábana rápidamente se puso en marcha. Dio un breve paseo ante la sorprendida mirada de todos y regresó a su trono.

Aladín y la princesa salieron del castillo por la ventana volando en la Sábana. Empezaron a elevarse cada vez más hasta que Arabia quedó lejos de sus pies.

-Princesa, éste es un mundo ideal para los dos.

-Un mundo ideal.

-Mira bien lo que hay.

-Hay mil cosas compartiendo el aliento. Son maravillosas para mí, para los dos. Todo en un mundo ideal, tú y yo.

-Ahora en un mundo ideal.

-Fabulosa visión, sentimiento divino. Baja y sube y deja a tu corazón soñar.

-Ven princesa con mi sábana vamos a volar.

-Un mundo ideal, que compartir, que alcanzar. Tú junto a mí.

-¿Te gustó el paseo?- preguntó Aladín.

-Sí, mucho.

-¿Puedo besarte?

-No creo que quieras.

-Por favor…

Aladín levantó el velo y la princesa sonrió. ¡Qué horror! Caries, dientes amarillos, aparatos brillando bajo la luz de la luna, labios gruesos y deformes, granos alrededor de la boca. Aladín no había visto antes algo tan horripilante.

La empujó de la sábana con cara de asco y le dijo:

-Con esa boquita decís mamá.

Aladín regresó al castillo llevándose a Jazmín.

-Tú sí eres una princesa.

Vivieron juntos y felices en el castillo. Aladín no volvió a beber, ni a pedir deseos. Excepto cuando nació su hija:

-Genio, cámbiale la cara. ¡Tiene la misma sonrisa que la princesa Margarita!

 

 

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