Adaptación bastante cómica de Aladín.
En algún lugar de Arabia, vivía el joven y apuesto “Aladín”. Tenía una adicción a las bebidas alcohólicas. Todas las noches asistía a la cantina del lugar. No tenía mucho dinero y robaba para comer.
Un día, el mago real, un hombre no muy listo, descubrió que en la cantina había una botella con un genio; pero el único que podía encontrarla era Aladín.
Por eso, esa misma noche, el mago se disfrazó de viejo (porque su loro Yago se lo recomendó, no porque é lo haya pensado). Entró a la cantina y buscó al muchacho.
Aladín tenía un par de copas de más. Ya estaba un poco mareado. El mago le dijo:
-¿Tú eres Aladín?
-Depende- respondió largando un horrible aliento.
-¿Depende de qué?
-De quién lo busque y para qué lo busque. Si trae una minita, soy yo. Si le debo, no soy.
-Vengo a ofrecerle un trato.
-¿Qué clase de trato?
-Necesito una botella que hay en esta cantina y sólo tú puedes hallarla.
-¿Y cómo voy a encontrarla?
-Eso es problema tuyo.
-Y cuando la encuentre, ¿qué me va a dar?
-Una cita con la princesa Margarita.
Aladín abrió los ojos de par en par. Se levantó del banquillo y empezó a buscar la botella.
-No sé nada de la botella. ¿Qué tiene adentro?
-Humo.
Aladín abrió todas las botellas, hasta que encontró una que estaba un poco empolvada. La frotó contra su ropa y de su interior salió una voz que dijo:
-Si no sacas el corcho, no puedo salir.
Aladín descorchó la botella, salieron humos de todos colores y un genio: el Genio de la Botella de Vino Blanco.
-¿Tú eres el Diamante en Bruto?
-Supongo. Bruto soy, pero diamantes no tengo.
-Puedo concederte tres deseos.
-Un segundo. ¡Hey! ¿Y ahora qué hago?- le preguntó Aladín al mago.
-Ya me puedes dar la botella.
-No, no, no. Yo soy tonto, pero no tanto. Este muñeco me ofrece tres deseos y vos una cita con la princesa. ¡Me quedo con los tres deseos! Bien, Genio. ¿Puedo pedir cualquier cosa?