Esto sucedió en el siglo pasado. Suena algo sepia, pero por más que carga tiempo no es tanto. Sin dudas hay cosas que sucedieron mucho antes y otras mucho más atrás aun. Esto fue en una aburrida tarde en la escuela Aurelia Viera, Gaboto y Gonzalo Ramírez.
Todos los niños entregaron la hoja con lo escrito. El bullicio aumentó, ya quedaba muy poco para la salida y ninguna tarea podía dar comienzo. Solo faltaba que la maestra dijera los deberes para el día siguiente. Mientras entregaban la redacción ella iba ojeando lo escrito por cada niño.
Llegaron las ansiadas 5 de la tarde y la salida se hizo realidad. Pero antes de que el Flaco pudiera traspasar la puerta, la maestra lo llamo con tomo preocupado y amable a la vez.
El niño volvió sobre sus pasos se paro delante. Sabía que no había hecho nada, por más que sus antecedentes de conducta no eran de los mejores, pero ese día, no recordaba ninguna razón para tal reprimenda.
Ella se agachó para quedar a su altura, mientras le tomaba el brazo con ternura, le pidió que al día siguiente viniera con su madre. “ Decile a mama que mañana por favor venga a verme, si?” Sin preguntar, asintió con la cabeza y salió.
Al otro día, poco antes de las 13 horas. El Flaco entraba a clase con sus compañeros, mientras la maestra leía a su madre pasajes de la redacción del día anterior:
“…La policía debería cuidar que no se robe. Y no llevarla presa por pensar de otra manera o discutir con el gobierno…” “…También no tendrían que gastar tanta plata en Chanchitas y Camellos para tirar agua alas personas en los actos….
”…La plata deberían usarla en tantos niños que no tienen que comer. La policía es para ayudar a la gente en la calle y que no tenga problemas no para pegarle y meterla presa si no hizo nada…” “. La policía ayuda a los milicos para atrapar a los Tupamaros y los Comunistas que quieren sacar a este gobierno y hacer un país mejor….”.
Su madre recibió la hoja, agradecida, mientras la maestra le decía. “… Te das cuenta que no la puedo mandar, tenés que hablarle, tiene que aprender a no ser tan cristalino…”.
Las miradas entre las dos mujeres lo decían todo, un temor que sin duda era casi invisible ante la satisfacción y el orgullo. Tratando de esconder lágrimas se despidieron con un beso. Pensando que la honestidad infantil, hay momentos que es muy peligrosa.