Esto sucedió en el siglo pasado. Suena algo sepia, pero por más que carga tiempo no es tanto. Sin dudas hay cosas que sucedieron mucho antes y otras mucho más atrás aun. Esto fue en una aburrida tarde en la escuela Aurelia Viera, Gaboto y Gonzalo Ramírez.
Ya eran como las 3:30 de la tarde. Pero al pequeño Flaco le parecía que alguien en algún lugar estaba jugando con el tiempo y lo hacia parecer más lento. Sin duda también estaba aburrido y al verlo pasar lo agarraba de la moña y lo enlentecía todavía más.
Mientras se imaginaba la escena sonreía solo .Veía la moña del tiempo desenrollarse, luego el tirón, el cuello del tiempo para atrás, como si fuera un caballo con intención de seguir su ritmo de marcha pero era frenado. Una breve pausa y al soltarse seguía su curso, con el objetivo fijo. La anhelada campana de las 5. Pasaporte hacia el fin de la diaria obligación infantil, he inicio de un griterío infernal y gran movimiento.
De adulto se daría cuenta lo infundado de su temor. Con el devenir de los años, la variable “tiempo “fue cobrando múltiples significados, se fue camuflando con razones variadas, como una especie de camaleón, pero con la interesante cualidad de transformarse, sin desterrar los atributos adquiridos .Es decir que iba sumando, en la cabeza del Flaco, universos de propiedades, que paradójicamente fue descubriendo, en realidad como todo el mundo, las fue conociendo con el paso tiempo.
Volviendo a la tarde aquella. La cosa era que parecía eterna “Era el año de la orientalidad” allá por 1975. Las hojas en alto, agitadas por la maestra lo trajeron nuevamente a la clase.
En aquellos años era habitual que impusieran a los niños la obligada tarea de realizar redacciones con temáticas como: “El soldado amigo” La patria” y esa tarde la maestra, mientras repartía hojas por los pupitres daba a conocer el tema de turno. “El policía”. Todos se pusieron a escribir, entre risas y proyectiles que volaban por la clase.
El Flaco muy concentrado redactó como si ya supiera lo que iba a poner de antemano. Y lo cierto es que sí lo sabía, o más bien era lo que en su casa se escuchaba entre los adultos sobre el papel de la policía en esos años. Era imposible disociar al policía de la represión que la dictadura militar ejercía sobre la población.