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¿Dónde diablos está el diablo?

Que un mago se quede sin ayudante es un contratiempo bastante complicado.

Un mago de oficio, bastante conocido en su ciudad natal, en los años cuarenta, estaba muy nervioso y apurado, porque no conseguía quien lo ayudara en su presentación que estaba muy pronto a ser representada. Y después de mucho ofrecer y pesquisar encontró a un sujeto, campesino, corpulento, rudo y torpe.

El papel que a este hombre le tocaba no tenia nada de difícil. Disfrazado de diablo, tenia que encerrarse en una caja, entonces el mago, dispararía un tiro al aire, abriría la caja… y del diablo nadie sabría nada.

El mago, fingiendo tremenda sorpresa, llamaría por tres veces al demonio, y a esta tercera llamada aparecería Satanás por el pasillo central del teatro y diría: “¡Aquí estoy!” dirigiéndose luego al escenario ante la mirada atónita de los espectadores. Todo esto se lograba, desde luego, mediante una escotilla y un juego de espejos que hacían que el público no viera que la caja llegaba hasta el suelo.

Toda esa tarde se la pasaron ensayando cuidadosamente los pasos del truco. Así es que el diablo tenía que correr del sótano al callejón de salida del teatro, luego a la calle, entrar  por la puerta principal y aparecer de forma inesperada en la sala de espectadores.

Cuando llego esa noche comenzó la función y el mago hizo varios de sus mejores actos, los que fueron bastante aplaudidos. Pero todos esperaban lo mejor de la noche, la famosa “Fuga del demonio”. Mientras tanto, el rudo campesino metido en su traje de malla que parecía reventar de lo estrecho, envuelto en una capa roja y ataviado de todos los aditamentos que precisa un demonio, como cuernos, cola y pezuñas, entro en la caja. El mago disparo su tiro mágico y abrió la puerta de la caja. Al mirar suspiró de alivio, nadie estaba en el interior, y la escotilla debidamente cerrada.

“¿Dónde esta el diablo?”, gritó con gran aparataje el mago. A lo que siguió un silencio profundo.

“¿Dónde diablos esta el diablo?”, pregunto nuevamente con una gran voz de barítono, pero tampoco nadie contesto. Se podía sentir el vuelo de una mosca en ese gran silencio.

“¿Dónde demonios esta el diablo?”, volvió a preguntar el mago con fuerte voz y con los ojos puestos en el pasillo por donde debería entrar el demonio.

Silencio absoluto.

Mientras el mago gritaba y hacia gestos ante los impacientes espectadores, el rudo campesino vestido de demonio salía a la calle como estaba previsto. Pero un policía lo vio en tan extraño traje y lo detuvo. Mucho trabajo y tiempo le costo al diablo explicarle al policía de que se trataba, y salvada aquella vara, se abalanzo al vestíbulo, en donde encontró otro problema. El portero no quiso dejarlo pasar y la cosa se empezaba a poner de feo color. La situación era desesperada. No había tiempo que perder. Así es que el diablo empujo al portero y entro al teatro como una tromba. Y pensando que había llegado con atraso no espero escuchar la pregunta desde el escenario y entro a la sala dando unos saltitos y gritando: “¡Aquí estoy!”

Pero se había equivocado de teatro, y que equivocación, ya que en el escenario subía  al cielo entre vaporosas telas blancas y un bonito grupo de angelitos blancos y alitas doradas, una niñita, toda inocencia, en el popular drama adaptado de “La Cabaña del tío Tom”.

Se rumorea que aun el mago busca a su demonio para pedirle cuentas.

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One Response to “¿Dónde diablos está el diablo?”

  1. Josedelcarmen dice:

    es una buena anécdota que me da la impresión hace parte del folclore chileno. Quien esto escribe reside en Colombia.

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