Mi segunda experiencia trabajando con un veterinario…
Sábado 07/14/07 (1:00pm – 3:30pm)
Hoy fue un día simple, aunque empezó un poco tenso. Cuando Michael y yo llegamos, vimos a una perrita casi exactamente igual a la de casa, igual que Manchita. Por poco me le tiro del carro a Michael al confundir a ese con mi perra. Resultó ser que la perrita estaba bastante mayorcita y sorda, no respondía a ruidos, y aun así era bastante amigable. Pero la habían dejado amarrada a la verja, como si la hubieran abandonado o algo así. Pasaron aproximadamente entre 15 y 25min a lo que apareció la dueña. Resulta ser que la dueña no era más que una de las señoras de los otros días, de esas que se dedica a recoger animalitos de la calle, curarlos para luego soltarlos nuevamente a la calle.
Luego de aquel mal rato, llegamos a la clínica y a Samuel y a mí, que habíamos comido antes de entrar a trabajar, nos entró un sueño brutal. Más tarde llegó otra señora que había venido hace un par de días, con otro de sus perros, que su perrita (papillón, o algo así es la raza) tenía la pata rota porque se le tiró de la cama. Ella me preguntó a mí sobre la recuperación de las fracturas y demás, y yo, como nooooo tengo experiencias rompiéndome la pata y fracturándome el tobillo y rompiéndome los ligamentos, le informé un poco al respecto. Sinceramente no la quería asustar, pero de seguro que al nivel de fractura no creo que se resolviera con simplemente encajarle el hueso en su sitio e inmovilizarlo; sinceramente, mi opinión es que iban a tener que operar porque aquello sí que no se veía bien.
Entonces, luego las dos dueñas se juntaron a hablar y a pelar a los veterinarios que conocían, quienes no eran tan buenos, quienes era peores, careros, etc. y hablando súper bien del doctor, de nuestro veterinario. Es cierto que muchas veces los veterinarios se lucen con los precios, pero no todos son así, nuestro veterinario, Dr. Pérez, no es así… pero aquellas dos se juntaron y era un coro a gritos de quejas y críticas que, a veces tenían razón, pero entiendo también que siempre hay que ponerse en los zapatos de los demás.