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Veterinaria al segundo intento

Mi segunda experiencia trabajando con un veterinario…

Me encantó la cara de Samuel al no saber con lo que estaba bregando, como que le tenía miedo, pero quería tratar de buscarle la vuelta, puesto que aquel era, después de todo, amistoso. Entonces entre el doctor y el dueño lo treparon en la mesa de exanimación y luego Samuel se quedó con el doctor atendiéndolo a lo que Michael y yo atendíamos a un señor con tres cachorritos casi recién nacidos para vacunarlos. Después, a lo último, llegó una señora con su hija y un perrito que se había intentado comer una gallina de palo y aparentemente estaba sufriendo las consecuencias de una reacción. La niña me tenía una cara conocida, pero aún no sabía de donde la conocía. Más tarde realicé que la conocía de mi escuela. Ella debía ser unos 3-4 años menor que yo, por lo que no la reconocía; además, había dado un cambio físico radical. Ellos fueron nuestros últimos pacientes y clientes por lo que después de ahí, nos fuimos a pasear los que están en cuido/ hospedaje y luego de ahí nos fuimos.

¡Oh! ¡Qué bien!

Viernes 07/27/07 (12:00pm – 6:30pm)

Hoy fue un día corto pero beneficioso. Empezó un poco triste: cuando Michael y yo llegamos a la clínica, ya el doctor estaba allí, un poco azorado, era porque se había muerto el último perrito que nos llegó con Parvovirus, el compañerito de Bluenet. No lo llegué a ver, puesto que el veterinario ya se había hecho cargo del cuerpo y se encontraba limpiando bien con cloro todas las jaulas y nos pidió a Michael y a mí que fuéramos a pasear a los perros. Lamentable, pero cierto; se veía venir. Comenzó el trabajo con la castración de un hermoso perro muy amigable y juguetón, que en el record tenía que se había escapado como cuatro veces, e incluso, esta semana me había tocado a mí apuntar su escapada ya que habían llamado que lo habían encontrado.

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