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Una muestra de honradez

Esta noticia verdadera fue relatada en un periódico neoyorkino (New York Times) en la década de los cuarenta, y muchos ciudadanos lectores comenzaron a relatarse, en muchos centros sociales y reuniones, sucesos de excepcional honradez.

En cierta ocasión un trabajador que regresaba apurado a su hogar, muy cerca de un balneario cordillerano, en el sur, por casualidad, al meter la mano al bolsillo enredo todo su dinero, y al sacarla saltaron afuera 70 dólares en billetes. Y una sorpresiva ráfaga de viento los barrió en forma violenta y los envío a muchos lugares. Este trabajador perdió toda posible esperanza de recobrar su dinero.

Fue, de todas maneras, a la estación de policía para dejar una constancia de su pérdida, y fue gratamente sorprendido cuando se entero que 35 dólares acababan de ser devueltos por un honrado vecino comerciante que se los había encontrado cerca de su negocio. Aun estaba en la policía cuando llego otra vecina con un billete de 10 dólares, y finalmente llego otro con lo 25 dólares faltantes, el viento los había depositado a sus pies cuando se dirigía a las compras diarias. De esa manera, este hombre recobro todo el dinero perdido.

Esta noticia verdadera fue relatada en un periódico neoyorkino en la década de los cuarenta (New York Times), y muchos ciudadanos lectores comenzaron a relatarse, en muchos centros sociales y reuniones, sucesos de excepcional honradez. Todas estas narraciones terminaron convirtiéndose en un concurso. Se les pidió a las personas que relatasen el más increíble ejemplo de honradez personal del que tuvieran conocimiento. Solo podían ser enviados aquellos casos en que el afectado hubiese perdido una importante cantidad de dinero a causa de su honradez. Llegaron cientos de casos a la redacción del periódico, y luego de analizar muchas anécdotas, los encargados de elegir los mejores se decidieron por dos, como los mejores:

Durante la gran época de los veleros, un agente de seguros navieros de una ciudad portuaria de Nueva Inglaterra fue visitado por un amigo que deseaba asegurar un velero de su propiedad que se encontraba, en ese momento, en altamar y llevaba un cargamento de valor. Su amigo el asegurador redacto los datos de rigor en una pequeña libreta. Los dos quedaron de acuerdo en que la póliza legal seria terminada y firmada al día siguiente. Cuando el nuevo día llego, el dueño del velero llego muy temprano a ver a su amigo.

El propietario del velero le dijo al asegurador que ese era su día de suerte, porque acababa de saber que su pequeño barco se había hundido antes de que se hubiera formalizado la póliza.

El asegurador, se acomodo en el asiento, y con mucha dignidad le dijo: “Su velero esta asegurado señor”.

Este relato ocupo el segundo lugar en el listado, pero el primero, elegido por unanimidad, fue este:

Un señor fue a la estación de trenes para despedir a un amigo. Estaban en la víspera de un famoso juego de azar de navidad en que el premio mayor era de dos millones de pesos. Antes de partir su amigo, este le dijo, que iría a comprar un numero del sorteo, a lo que el otro le respondió que también comprara otro para el, en los precisos momentos en que partía el tren.

Cuando el viajero regreso, lo primero que su amigo le dijo que lo felicitaba de todo corazón, ya que su boleto había ganado el premio mayor del sorteo de navidad.

La perplejidad del recién llegado le hizo preguntar que como sabia que era su boleto y no el de el. A lo que su honrado amigo le dijo que cuando los compro metió cada boleto en un sobre diferente con el nombre escrito en la solapa.

¿Será posible, en estos tiempos, tan increíbles muestras de honradez?

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