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Un maravilloso amanecer

Entonces apareció el sol en todo su esplendor y empezaron a levantarse las brumas del arrollo. El canto masivo de las aves de ese bosque se hizo muy intenso.

Un día de verano muy temprano, con las primeras luces del alba, salí de la cabaña a ver si podía observa a algunos venados y comencé a caminar montaña adentro. Estos animalitos tienen por costumbre ir a comer tiernos pastos en un claro que se forma cerca de un arrollo que esta rodeado por unos enormes pinos. Allí la hierba es fresca y abundante casi todo el año, y con frecuencia había visto sus huellas en el barro. Esa mañana me escondí cerca de unos arbustos espesos para poder mirarlos y darme un buen gusto antes de partir de nuevo a la ciudad.

Muchas avecillas habían ya llegado a ese lugar mucho antes que yo, claro esta. Y un pajarillo de colores les anuncio a todos que yo estaba allí. Luego otras dos aves curiosas y cantoras fueron a preguntarme que era lo que yo estaba buscando. Casi sin hacer ruido me metí mas y mas entre la maleza y me coloque en un sitio especial teniendo la esperanza de pasar lo mas inadvertido posible, porque creía que mi ropa mimetizada podía hacerme pasar por otro arbusto de la espesura. De todas maneras la semejanza estaba bastante bien, ya que prontamente los pajaritos dejaros de piar con nerviosismo. Una avecilla bajo y se paro en una ramita cercana y otra, mas allá, se acerco picoteando las hojitas secas.

A todo esto no aparecía ningún venado, pero de pronto un conejo apareció saltando y quedo sentado mirándome. Sacudió varias veces su cabeza y movió un poco las orejas, como si estuviera confundido y se hubiera puesto a pensar en que si no había visto un arbusto ayer aquí. Se acerco otro poco y comenzó a morder los hierbajos frescos, luego se rasco una de sus orejas con su patita trasera, se dio dos vueltas más por unas matitas de flores. Después torció un poco el hocico, fijo sus ojos en mis ojos y dio un salto hacia donde yo estaba. Olisqueo mi zapato, las bastilla de mi pantalón mimetizado, y comenzó a alejarse saltando para regresar de nuevo ya que parecía no estar muy convencido, y olisqueo nuevamente.

Este curioso conejo se marcho finalmente, y el pajarillo que escarbaba entre las hojas secas me dejo unas cuantas en mi zapato. Para este animalito yo era nada más que otro adorno del bosque. Antes de irse se me poso en el hombro por unos breves instantes. Luego dos ratoncitos del campo de blancos vientres aparecieron de entre las hojas y se pararon a oler el aire.

Entonces apareció el sol en todo su esplendor y empezaron a levantarse las brumas del arrollo. El canto masivo de las aves de ese bosque se hizo muy intenso. Y aun no había señal de venado alguno.

Estuve allí hasta unas horas después del amanecer. Y entonces los molestos mosquitos empezaron ha hacerme la vida imposible y me vi forzado a emprender la retirada. Llegue a la cabaña sin haber podido ver a ningún venado, pero, a cambio de ello tuve unas dos horas maravillosas en la compañía de los diversos habitantes de ese mágico lugar.

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One Response to “Un maravilloso amanecer”

  1. no hay duda la mano de Dios se muestra en estos mágicos lugares y aún así hay quien cree que la tierra y la vida que conlleva es solo un accidente te envidio por poder disfrutar de un lugar así fue una hermosa descripción.

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