La simpática y sincera charla de un ocacional compañero de viaje.
Veo a las personas que son más jóvenes de lo que yo era cuando tenía su misma edad. Hace muy poco me reuní con ex alumnos de la escuela en que me gradué y me quede asombrado de ver a los bebes que ahora aceptan como estudiantes. Claro que ahora son mas finos que en mis tiempos, varios me trataron de “señor”, y uno de ellos se ofreció a ayudarme a cruzar la calle.
En cambio, las personas que tienen mi edad son mucho mas viejas que yo, y me doy perfecta cuenta que los de mi generación se acercan a la madurez, y no hay razón alguna para que mis compañeros padezcan los rigores de la vejez declarada.
En un bar me encontré con un antiguo amigo del colegio, y ha cambiado tanto que le fue difícil reconocerme.
-Aumentaste unos cuantos kilos, Antonio- le dije, y me respondió que era la comida moderna, que engorda mas.
-No nos veíamos desde hacia varios años- y pedí otros cócteles.
-¿Te fijas que los tragos ahora son mas insulsos?- le dije.
-Nada como en nuestros tiempos- me dijo Antonio.
-Tu bailabas muy bien Antonio, ¿aun lo haces?
-No, he aumentado de peso, la comida de ahora engorda más.
-Ya se- le dije- hace un minuto me lo dijiste.
-¿Ah, si?
-¿Tomas otro trago?- le pregunte- ¿te has fijado que estos tragos son menos fuertes que antes?
-Me dijiste lo mismo hace un momento- dijo Antonio.
-¡Oh!, dije…
Mientras me afeitaba esta mañana pensaba en el pobre Antonio, tan viejo que esta. Y por un instante deje de afeitarme y me mire en el espejo, y pensé que estos artefactos ya no son de la misma calidad de los de antes.