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Resistirse a envejecer

La simpática y sincera charla de un ocacional compañero de viaje.

Siempre viajo en tren cuando voy a la ciudad en que nací, porque mucho del trayecto se realiza por el borde costero y parece que los carros corrieran por sobre la arena y el mar. El aire y las gaviotas amenizan el retorno a aquella ciudad rodeada de cerros llenos de casas que pareciera que en cualquier momento caerán en las azules aguas de la bahía.

Durante la última parte del viaje, me pidió muy amablemente ocupar el asiento de enfrente al mío un señor mayor y que parecía bastante cansado. Y de la hora que quedaba de viaje pude disfrutar de esta curiosa y muy sincera conversación.

A mi me parece, dijo mi compañero de viaje, que están construyendo las escaleras mas levantadas que antes. Los peldaños parecen mas altos o mas numerosos, no lo sabría explicar, pero se me hace mas difícil subirlos de a dos juntos, y apenas los escalo de a uno.

¿No se ha fijado usted que las letras de las revistas es cada vez mas pequeña?, cuando tomo un diario se me alejan cada vez mas y tengo que realizar mucho esfuerzo para distinguir las letritas. Hace poco necesitaba usar un teléfono público y me vi en la necesidad de retroceder hasta que tuve medio cuerpo afuera para ver los numeritos donde se colocan las monedas; es ridículo pensar que una persona de mis años necesite usar anteojos, pero por otro lado, la única forma de saber lo que sucede en el mundo seria pedirle a otro que me recite las noticias en voz alta, lo que no es muy buena solución, porque en estos días la gente habla demasiado bajito que prácticamente no escucho lo que están diciendo.

Ahora todo esta mas alejado, si para tomar el bus, la distancia al paradero se ha hecho el doble, y también veo que pusieron una colina de mediano tamaño de la que yo nunca me había percatado. Ya no corro para alcanzar el tren, porque están saliendo más temprano, y arrancan a mayor velocidad, ¿no le parece a usted?

Toda mi ropa parece encogerse, sobre todo en la cintura, y los cordones de mis zapatos son más difíciles de alcanzar, y la temperatura cambia. Los inviernos son mas fríos de lo que eran, y el verano mas caliente. Y tal vez se deba a como construyen las ventanas pero las corrientes de aire son mas ahora que antes.

Veo a las personas que son más jóvenes de lo que yo era cuando tenía su misma edad. Hace muy poco me reuní con ex alumnos de la escuela en que me gradué y me quede asombrado de ver a los bebes que ahora aceptan como estudiantes. Claro que ahora son mas finos que en mis tiempos, varios me trataron de “señor”, y uno de ellos se ofreció a ayudarme a cruzar la calle.

En cambio, las personas que tienen mi edad son mucho mas viejas que yo, y me doy perfecta cuenta que los de mi generación se acercan a la madurez, y no hay razón alguna para que mis compañeros padezcan los rigores de la vejez declarada.

En un bar me encontré con un antiguo amigo del colegio, y ha cambiado tanto que le fue difícil reconocerme.

-Aumentaste unos cuantos kilos, Antonio- le dije, y me respondió que era la comida moderna, que engorda mas.

-No nos veíamos desde hacia varios años- y pedí otros cócteles.

-¿Te fijas que los tragos ahora son mas insulsos?- le dije.

-Nada como en nuestros tiempos- me dijo Antonio.

-Tu bailabas muy bien Antonio, ¿aun lo haces?

-No, he aumentado de peso, la comida de ahora engorda más.

-Ya se- le dije- hace un minuto me lo dijiste.

-¿Ah, si?

-¿Tomas otro trago?- le pregunte- ¿te has fijado que estos tragos son menos fuertes que antes?

-Me dijiste lo mismo hace un momento- dijo Antonio.

-¡Oh!, dije…

Mientras me afeitaba esta mañana pensaba en el pobre Antonio, tan viejo que esta. Y por un instante deje de afeitarme y me mire en el espejo, y pensé que estos artefactos ya no son de la misma calidad de los de antes.

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