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Proceso de capitalización en Japón

El desarrollo del proceso de capitalización en este país.

El país construyó las manufacturas de seda y algodón, pero también sobre la base del procesamiento de alimentos básicos: sake, miso, salsa de soja. Los japoneses buscaron obtener una ventaja comparativa, fue realizado en pequeña escala: tejedurías de algodón de dos mil husos (hacían frente a las de diez mil husos de Europa occidental); ruedas hidráulicas de madera que tenían generaciones de atraso con respecto a la tecnología europea; minas de carbón donde las vetas sinuosas y el echo de tener q cargar los recipientes a mano transformaban las infames minas británicas de antaño es un paseo.

Algunos comerciantes japoneses habían acumulado grandes fortunas y el estado estaba dispuesto a construir y subsidiar plantas industriales. Así fue como sucedió, pero el largo camino necesitaba de personas, con imaginación e iniciativa, personas que comprendieran las economías de escala, que supieran no solo acerca de los métodos de producción y las maquinarias, sino también de organización y software. El capital llegaría después y aumentaría.

A principios de la década de 1880 el gobierno vendió sus fabricas (factores de producción) a empresas privadas; las tenedurías del estado se cedieron a amigos y conocidos bajo condiciones accesibles. Lo que hacia este acuerdo era subsidiar a los hombres de negocios y les permitía comenzar sin deudas. En esta época también los comerciantes que se dedicaban al hilado pasaron del hecho a mano al hilado a maquina. El hilado de algodón fue una forma fácil de acceso a la industria moderna.

El gobierno tuvo un papel importante al financiar las tareas de investigación en el exterior, hacerse cargo de llevar a expertos extranjeros, construir instalaciones y subsidiar emprendimientos comerciales. Pero el talento y la decisión de los japoneses fueron más importantes, así como la calidad de los obreros japoneses especialmente los artesanos.

Japón se precipitó hacia un capitalismo salvaje y desenfrenado, como en Inglaterra, pero en mayor grado.

El trabajo en las bañas era lo viejo; la hilandería y la fábrica, lo nuevo. El sector que marco el liderazgo en la revolución industrial de Japón fue el de los productos textiles, especialmente de seda y algodón, y en ese campo era necesario crear una fuerza laboral nueva. En comparación vivir en las granjas era tan pobre, tan arduo el trabajo, que vivir en las hilanderías podría ser atractivo por comparación, mas allá de que los sueldos eran una miseria, se aseguraban un lugar digno para vivir; y producía que la mano de obra japonesa trabajara duro, y hasta después de un tiempo quienes trabajaban podía ahorrar después de pagar el alojamiento y la comida.

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