La increíble historia de un náufrago bastante afortunado.
El telegrafista Harley Olson se levanto precipitadamente de la cama y se puso a tratar de enviar una llamada de auxilio; los habían torpedeado. Al instante se dio cuenta de que faltaba la energía y de nada servían las llamadas. Al mirar a cubierta vio a los marineros apretarse mezclados en los botes salvavidas. Trato por última vez en la radio y salio para luego zambullirse heroicamente en las oscuras aguas y empezó a nadar.
Sus dedos tropezaron de pronto, en la oscuridad, con algo bastante sólido. Era una de las balsas salvavidas del barco. Harley Olson subió a bordo y púsose a pensar en la suerte de sus compañeros. Enronqueció llamándolos y nadie respondió a sus gritos. Lo que el ignoraba era que todos habían sido ya rescatados por barcos de salvamento.
Su primera preocupación se transformo en sensación de seguridad al pensar que la balsa tenia comida para abastecer a 15 hombres por varias semanas. Sus tinieblas se disipaban algo.
El naufrago vio que flotaban por diferentes partes cerca de la balsa gran número de pequeños paquetes, y al recoger uno de ellos se entero, con regocijo que eran paquetes de cigarrillos, y se dedico a pescarlos todos, de modo que por la tarde ya tenia algo así como medio centenar.
Cuando estaba descansando salio de la oscuridad una segunda balsa. La tomo y se apodero de ella, uniéndola a la suya. Vio luego, entre los restos del naufragio un catre plegable, y también lo subió. E instantes después una tercera balsa se le acerco saliendo de la noche.
Olson creía que estaba soñando, se veía a si mismo comandando una nueva flota. Tenía algo así como un dormitorio completo hasta con mantas incluidas.
El desayuno de la mañana siguiente fue bastante nutritivo, por decir lo menos, y la cena todo un festín.
Construyo una especie de cabaña con la madera de las cajas e hizo una vela con algunas banderas de señales. Navegaba por un mar tranquilo, y cuando el sol estaba muy fuerte nadaba un rato y tomaba a continuación un buen baño de sol. Cuando llegaba la noche marcaba los días en el mástil con una raya, después encendía un cigarrillo y paseaba por las balsas con tranquilidad. Un millonario no hubiera estado mas libre de cuidados ni disfrutando de mayores comodidades de las que el se veía rodeado.
Este crucero de placer duro para Olson 28 días, al cabo de los cuales la flota de balsas dio con un convoy.
Fue recogido a bordo de un cazasubmarinos, y como la suerte suele estar arriba o abajo y siempre está unida una a la otra, en ese punto y hora de lo que parecía ser su salvación, comenzaron las desgracias de Olson.
El capitán del barco no creyó en su relato, porque no lo veía desastrado, no veía las mejillas hundidas y los ojos de desesperación, además había estado, según el, mas de veinte días a la deriva. Por lo tanto tenia que tratarse de un espía, dejado en el mar por un submarino enemigo para ser recogido por un buque de salvamento que lo llevaría a Estados Unidos.
Cuando Olson bajo al muelle en Cayo Hueso la policía federal lo detuvo. Lo mantuvieron incomunicado unos días y no lo soltaron hasta haber comprobado que las huellas digitales estuvieron en orden y coincidieran con las que se tenían de el en los archivos. Quedo entonces probado que Olson era norteamericano. Un buen muchacho de Portland, Oregon, aficionado a las aventuras marineras.