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Mi mayor susto de la infancia

Sólo con el afán de compartir contigo…

En mi infancia nunca sentí grandes sustos, salvo cuando en una oportunidad, como a la edad de 7 años, no quise rezar el Padre Nuestro antes de dormirme.

Mi madre nos dijo a mi hermana y a mí… “Recemos el Padre Nuestro” y yo dije “No”.

No tenía razones para decir que no, pero lo dije y me dormí sin ningún reproche de mi madre, quien me dijo: “Está bien, hijo, como tú quieras”. Y así, al día siguiente me levanté como todos los días y salí a jugar con mis amigos. En eso estaba, jugando a la pelota en la calle, cuando se acercó un señor, de mal aspecto; tenía el rostro enrojecido por el trago y con abrigo largo color plomo o negro. Nos dio a todos miedo y corrimos. Entramos al jardín de la casa de Michelle y el hombre se acercó y dijo: “No corran, sólo vengo a buscar a Alejandro, porque no rezó el Padre Nuestro”.

Imagina el sustito… Tanto así que mi vecino Beto, para el día siguiente, había fabricado una escopeta de madera que disparaba piedras. Así que estábamos preparados para cuando viniera…

Y estábamos jugando a la pelota nuevamente y ese hombre venía con una silla entre sus brazos, ocultando el rostro; pero le reconocimos y todos corrimos a escondernos. Alcancé a saltar la pandereta de mi jardín y el susto fue tan grande que cuando quise correr para adentro de la casa, no pude. Mis pies estaban pegados al suelo. Grité “¡Mamáaa! Y ella se asomó por la ventana del segundo piso y vio al hombre y le dijo que se fuera. Éste le dijo: “Señora, me voy a llevar a su hijo al río Mapocho, amarrado con esta cuerda, porque él no rezó el Padre Nuestro antes de dormirse.”

No recuerdo el final, pero lo que sí recuerdo es que al pasar de los años…un día le dije a mi madre: “¿Recuerdas a ese hombre que un día me quiso llevar al río Mapocho porque yo no había rezado el Padre Nuestro?”. Mi madre, con cara de asombro, me dijo: “¿Qué? Hijo, si eso hubiese ocurrido, yo jamás me hubiera olvidado”. Recién ahí, después de muchos años, descubrí que había sido sólo un sueño. Fue así que tomé conciencia de lo importante que era Jesús en la vida y el no separarse de su Amor.

Post Data:

Hoy a mis 53 años de edad, al recordar esta anécdota, me di cuenta que hace mucho tiempo que no rezo un Padre Nuestro antes de dormirme. Tal vez ese ha sido mi gran error en la vida, distanciarme del amor de Dios.

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2 Responses to “Mi mayor susto de la infancia”

  1. JuliAuza dice:

    yo no rezo mucho tampoco pero no podria olvidarme de Dios porque vive dentro mío. Los recuerdos de la infancia son el mejor tesoro. Saludos

  2. AMHS dice:

    Creo que cuando somos niños nos pasan cosas raras a veces inexplicables, a mi también me pasaban cosas raras desde que tenia uso de razón porque uno se da cuenta desde niño que existe el bien y el mal aunque no te lo cuente nadie. Cuando uno es pequeño es más sensible todo nos asusta o nos sorprende hay también personas que no se acuerdan de su niñez y otras si. Yo creo mucho en Dios porque esta más cerca de nosotros cuando somos inocentes se puede manifestar de diferentes maneras como queriendo darse a conocer. Desde esto que me paso estoy convencida en que tenemos alma, yo era demasiado juguetona cuando niña era incansable y traviesa y un día de tanto corretear me dio mucho sueño entre a mi casa y me tire a mi cama quedándome dormida profundamente, supuestamente me había despertado y Salí corriendo de mi cuarto otra vez a seguir correteando donde estaban todos mis amiguitos y todos ellos estaban mirando algo en el cielo y señalaban al cielo y yo me acerqué y vi. un rayo de luz que venia desde el cielo yo me acerqué a ese rayito de luz y puse mi palma de mi mano y sentía el calor de ese rayo de luz y me sentía muy feliz demasiado feliz cuando mi hermana me despertó y me quede como sorprendida porque seguía en mi cama mi hermana me despertó para que saliera a ver un rayo de luz que venia del cielo y yo le dije pero yo he estado allí pero después comprendí que no y Salí a la calle corriendo y parecía como que se repetía lo que había vivido ya, pero mis amiguitos ahora si me hablaban yo me acerque a ese rayo de luz y ellos me dijeron no lo toques pero como en mi sueño ya lo había tocado no tuve miedo y puse la palma de mi mano y sentí esa felicidad desde ese día a la edad de 9 años supe que teníamos aparte del cuerpo un alma.
    Cuan niña me han pasado muchas cosas que han fortalecido mi creencia en Dios, en los ángeles y que existe un mundo espiritual paralelo a este mundo terrenal.

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