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La Divina Providencia

La realidad diaria de millones de personas: el destino de los hombres-masa.

“Que la Divina Providencia se extienda en cada momento para que nunca nos falte casa, vestido y sustento” Rezo Popular

Son las seis y media de la mañana de un lunes en la Colonia del Valle de la Ciudad de México. El despertador comienza a sonar en la recámara de Toño y Gaby, ambos de veintinueve años.

(Se casaron hace seis meses en una modesta e inolvidable fiesta en un salón cerca de Mixcoac. De esas fiestas que vale la pena echar la casa por la ventana, porque son tan especiales y únicas, que solo pasan una vez en la vida.

Para ella, todos los hombres, lucieron impecables esmoqins rentados -muchos de ellos con moños y fajas de colores- y las mujeres, lucieron sus esculturales figuras en sobrios vestidos colores tornasol -con discretos escotes y maquilladas muy naturalmente-.

Hombres y mujeres se agasajaron con una exquisita cena, digna de reyes: crema de elote, pollo en salsa de champiñones con un soberbio puré de papa como guarnición y un inigualable flan de cajeta. En la mesa, los cultos y sabios hombres hablaban de política y de la paridad cambiaria; las mujeres no paraban de prodigarse elogios -y con sobrada razón- sobre lo elegantes y radiantes que lucían. Todo mientras un grupo de violines amenizaban tocando una complicada obra maestra del prodigio de la composición musical, Armando Manzanero.

El ambiente se relajó hasta que los hombres se deshicieron de sus sacos y acompañaron a bailar a las mujeres. Al ritmo de alegres y sofisticadas melodías como “Que vengan los bomberos” de Daniela Romo y “Macumba” de Verónica Castro, todos bailaron hasta la madrugada, y pese al sudor y a la abundancia de alcohol, nadie perdió el estilo, la clase y la buena educación.)

Toño es abogado y Gaby administradora de empresas, ambos egresados de la Universidad Panamericana, una prestigiada institución al sur de la Ciudad reconocida por su tolerancia y apertura. Toño tiene además una Maestría en España de la cual se siente muy orgulloso porque aprendió un montonal de cosas y se divirtió muchísimo (para ser sincero, esos han sido los años más felices su vida). Él trabaja como asistente de un asambleísta panista en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal y sueña con un día entrarle de lleno a la política. Y es que Toño es muy entrón y bien chambeador, de esas personas que ya casi no hay. Por esa y otras tantas cualidades Gaby se enamoró de él. Gaby, por su parte, trabaja en una empresa de telefonía en Santa Fe, encargada de nuevos proyectos y le va muy bien gracias a Dios.

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