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Jornadas de Reconciliación

Sentimientos que despertó haber pertenecido al equipo de preparación de las Jornadas de Reconciliación de Taizé en Cochabamba, Bolivia.

Gerardo -mi compañero- y yo, tuvimos una misión específica: viajar Pueblos y ciudades de otras diócesis, para convocar a toda la juventud. Visitamos parroquias, escuelas, universidades, centros religiosos, estaciones de radio, entre otros, llevando un mensaje de reconciliación y confianza. Bolivia es un estado pluricultural…pero esta diversidad se refleja generalmente en intolerancia y hasta desprecio por el otro. Actualmente, la mayoría de los problemas políticos-sociales del país tienen su génesis en estas disputas. Para nosotros fue un desafío palpar de cerca estas realidades: desde la metrópolis Santa Cruz hasta la selva del Chapare, desde los Valles en Aiquile hasta la zona de la Chiquitanía…toda gente muy distinta entre sí, a veces parecía mentira que seguíamos en el mismo país. Pero en todos esos lugares, todavía existe gente que apuesta por un futuro de paz y armonía con los demás.

En el equipo llevábamos vida comunitaria, desde la mañana hasta la noche, que regresábamos a nuestros alojamientos -conventos o casas de familia-. Orábamos 3 veces al día, hacíamos las comidas juntos y por supuesto que los momentos libres y de distensión también existían. Esto hizo que, a pesar de que cada uno provenía de lugares diferentes, con costumbres diferentes, nos consolidara como verdaderos amigos. Uno se da cuenta que hay redes que traspasan los limites de un país, existe gente con proyectos de vida similares. Chicos comunes y corrientes que lo dejan todo, y se animan a iniciar una vida de comunión con los demás.

Finalmente, y después de casi 4 meses de preparación, llegó el primer día de las jornadas. Las inscripciones habian cerrado un par de semanas de atrás: más de 5000 jóvenes se habían animado a participar en las Jornadas de Reconciliación. Chicos y chicas de todos los países de Sudamérica, del Caribe, de Norteamérica, y de Europa! Estaban deseosos de unir sus oraciones por la Reconciliación y encontrar viejos y nuevos amigos.

Durante esos días de previos al encuentro y en el mismo, tuvimos nuevas tareas. Gerardo era uno de los responsables de la comision de Transporte, encargado de organizar los buses que trasladaban los participantes desde las parroquias hasta el predio del encuentro; y yo era encargado de la decoración de los “templos” y su circulación.

Fueron meses de mucho trabajo, sin lugar a dudas, pero también de mucho aprendizaje. Algunas experiencias ya vividas como misioneros y como miembros de una comunidad (en el MJD), se profundizaron en este viaje de tal manera en nuestras vidas, que dejaron marcas permanentes. Creemos en que la confianza es la base para lograr los mas variados proyectos; en que aprender y amar las diferencias de los demás cultiva nuestras almas, y que lo contrario, destruye la nuestra y la de los otros. Confirmamos también una vez más que el trabajo en común y el compartir la vida son ejes rectores de nuestra existencia como cristianos; y a partir de todo esto, como el Evangelio leido en cada oración, en cada Celebración, deja de ser letra escrita para convertirse en un estilo de vida.

En fin, Dios nos regaló infinitas bendiciones a través de este viaje, que no terminó el dia de nuestros regresos: llevamos en nuestros corazones, la obligación de re transmitir todo ese bagaje de ricas certezas entre nuestros amigos misioneros y voluntarios.

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