Es en ese momento en que aparece su esposa, quien le dice que al parecer la patente del auto está suelta, y a lo mejor por esa razón el vehículo no quiere partir.
Cierta vez, cuando conversaba con mi viejo vecino, una tarde de invierno, me decía, a propósito de una discusión que había tenido con su compañera de toda la vida que cuando lograra construir su mundo ideal, quedaría prohibida, totalmente, la intuición femenina.
Cuando me dijo esto, pensé que seria bastante aconsejable incentivarlo a que siguiera su conversación, ya que esto ayuda a calmar las tensiones de un momento de rabia.
A continuación comenzó a darme un ejemplo de esa iracunda decisión. Me dijo que cuando existía el pequeño problema de hacer partir el automóvil, en una mañana fría, y después de estar un buen rato luchando con el porfiado montón de tuercas que sencillamente no quiere arrancar, y ya sabiendo que estaba media hora atrasado para llegar a su trabajo, y junto con eso había revisado el carburador, había limpiado las bujías y repasado todos los contactos, y que todo había sido por nada. Es en ese momento en que aparece su esposa, quien le dice que al parecer la patente del auto esta suelta, y a lo mejor por esa razón, el vehículo no quiere partir.
Solo para darle en el gusto, mi vecino dijo que, en medio de unas frías miradas, ajusto los tornillos de la placa patente y luego trato de hacer partir el automóvil. Para su sorpresa no solo partió sino que encendieron las luces interiores que antes estuvieran taimadamente apagadas, y que repentinamente brillaban con su fuerte luz amarilla.
Me dijo que pensaba que esa era la intuición de la mujer.
Cuando el radio comienza a fallar, es ridículo preocuparse por el sistema de fusibles o ir a revisar la caja eléctrica. Es ahí cuando le dice que cierre con fuerza el cajón del centro del escritorio, en tono de orden. Y obediente, al realizar la maniobra, la voz del locutor se empieza a escuchar con la nitidez de la alta fidelidad.
Me contaba que algunas veces resultaba algo confundido. Cierto día, trabajando en su pieza de herramientas, el taladro eléctrico no funcionaba, y le pregunto a su esposa si conocía el porque de esa falla en su herramienta, a lo que ella le respondió que si, solo tenia que cambiarse los zapatos.
Como no quería subir a buscar otros busco unos viejos que guardaba en el taller. Se los coloco, pero el taladro seguía sin funcionar. En ese instante su esposa llego a la pieza de las herramientas. Le pregunto que hacia con esos zapatos viejos, a lo que mi vecino le dijo que era para que funcionara su taladro, y con cierta burla le dijo que no había sucedido nada.
Su esposa le restregó que parecía mentira que fuese tan tonto, que le había dicho que cambiase el fusible que se había quemado en la mañana.
¿Quién puede pensar que un taladro va a funcionar porque un viejo tonto se cambie de zapatos?
Me miro con cierta rabia y me dijo que en verdad… a nadie se le podría ocurrir semejante idea.
me parece muy gracioso tu vecino jeje no te debes aburrir con el pero en muchos aspectos la mujer es superior al hombre por las muchas actividades que realiza mientras que a nosotros francamente nos cuesta leer el diario y ver la t.v. al mismo tiempo salu2.