Un pequeño contratiempo en el salón de clases.
Pasemos a los años noventa y un recuerdo en la era del neoliberalismo del presidente “Méndez” cuando en una oportunidad, al entrar al salón donde daba clases, lo hago sin darme cuenta de que tenía un cigarrillo en la mano. Esto me lo hizo saber una alumna que me dijo:
- ¡Profesor, no se puede fumar en clase!
- Es cierto, le contesto mientras pensaba que carajo hacer con el cigarrillo.
- Si usted fuma nosotras también tenemos derecho a fumar, exclama otra alumna.
- Es verdad, le respondo. Si un profesor fuma ustedes tienen el mismo derecho a fumar o a defenderse si les faltan el respeto (todo esto sin tirar el cigarrillo).
- Entonces ¿podemos fumar?
- Por supuesto, si sus compañeras no tienen inconvenientes.
En ese momento muchas de las chicas sacan un cigarrillo y lo encienden mientras yo no digo nada y comienzo con la clase. Luego de un rato entra la preceptora. Todas tiran el cigarrillo y lo apagan quedando yo solo en offside. El aula estaba llena de humo y el único pelotudo con un cigarrillo era yo.
- ¡Profesor! ¡Cuánto humo! ¡Le va a hacer mal a las chicas!. Dice la preceptora mientras se dirige a abrir las ventanas.
- Disculpe, tiene toda la razón. Le contesto sin reirme.
Por mi parte me quede contento porque permití que me marquen los puntos, cosa que nosotros no podíamos hacer cuando íbamos a la escuela, teniendo que permitir que los profesores fumen o que nos humillen cuando no estudiábamos.
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