Toda su energía se concentraba en sus penetrantes ojos negros, un par de bolas de fuego que vi fulgurar de picardía, de rabia y de miedo.
Desapareció nuevamente por unas semanas.
Recuerdo que era un lunes, a la hora de la muerte, cuando escuché su voz por uno de los pasadizos. Venía llamándome a todo pulmón. Había perdido otra vez la compostura. Lucía desencajado. Cuando le pregunté qué le pasaba me miró con pánico. Ya se iba y quería que le guardara las tres cajas… Volvería en poco tiempo… No sabía cuando… No sabía nada, creo… Traté de explicarle que no podía hacerle el favor por políticas de la empresa y al instante se aburrió de mí… No sé si me miró con rabia o con desesperación pero supe que lo hacía por última vez…
Intenté decirle algo pero dio la vuelta y se marchó sin despedirse. Caminó de largo hasta el ascensor y se quedó de espaldas a la puerta hasta que se cerró detrás de él.
A la mañana siguiente, mientras el mundo entero contemplaba con estupor por la televisión el derrumbamiento de las torres gemelas del World Trade Center me acordé de él. Temí por su vida. Y es que tampoco conocía a nadie en Nueva York. Conforme pasaban las horas me asaltaron nuevas dudas. Tomé la llave maestra y entré discretamente a su departamento. Allí estaban las tres cajas con un cartelito que decía mi nombre. Con el corazón galopando revisé cada una de las cajas, las volteé de cabeza y comprobé que sólo eran libros y papeles.
Me tranquilicé.
Cuando publicaron los retratos de los suicidas te juro, Ranjim, que no quise verlas por temor a reconocerte entre ellos… ¿Pero por qué te fuiste así?… ¿Sabías que ibas a morir?… ¡Era demasiada coincidencia!… Pero terminaba convenciéndome que era imposible que me estuviera pasando precisamente a mí. No. Mi amigo de la Meca tenía un master en Ciencias Políticas.
Él no haría algo semejante…
Después de varias semanas entramos a pintar su departamento y el supervisor me ordenó tirar sus tres preciadas cajas a la basura. Yo había destruido aquella nota con mi nombre y jamás le conté a nadie que lo conocía bien. Finalmente, después del día de Acción de Gracias, la gerente me mandó habilitar el cuatrocientos cuatro.
El departamento estaba tal cual lo vi la última vez. La chica había abandonado sus cosas sin decir una palabra. Pero eso es algo común en este negocio y a nadie le extrañó que se borrara del mapa sin pagar la renta. Ropa, zapatos, cosméticos, colchón y espejo fueron todos a parar al basurero.
Estaba desbaratando el colchón para meterlo en los contenedores cuando de su interior cayeron varios pasaportes, unos carretitos amarrados con hilo de pescar y una antena rudimentaria hecha con un gancho de ropa. ¿Sería una radio? Pero cuando encontré una foto de la chica al lado de un grupo de hombres, con apariencia de fundamentalistas islámicos, me quedé de una pieza. Porque entre ellos descubrí unos ojos negros, profundos, como agujeros negros en el espacio.
Aquellos que no quise reconocer en el diario.
Eran los mismos que estaban en todos esos pasaportes… Que eran tuyos, Ranjim… De pronto, me invadió un frío polar en una tarde asoleada de Miami y ya no recuerdo más. Me desplomé en el suelo. El supervisor me mandó derechito a mi casa y me reporté con gripe toda la semana. Jamás dije una palabra ¡No quiero ni pensarlo!… Pero a veces me pregunto, Ranjim, qué pasaba por tu cabeza cada vez que te mandaba a visitar a la chica del cuatrocientos cuatro…
Lo lei completo, tengo una duda ¿se supone que la chica irani convencio a rajim para convertirse en suicida? ¿o al reves, el a ella? me gusto mucho la historia y se me ponen los pelosssss de punta, enhorabuena
soulheroes.com
Gracias por leerme, sobre todo, por opinar. Realmente la historia es ficticia y confieso que no me había planteado ninguna de las dos circunstancias. Ambas son interesantes. Como lo veo, Ranjim y la iraní se conocieron siempre, pero vivían separados para mantenerse en el anonimato. La presencia del barredor en la anécdota, sirve para destacar la paradoja de lo que se denota frente a lo que se connota de una actitud deliberada. En otras palabras, por más ocultos que pretendan estar dos personas que se entienden, siempre habrá elementos afines, no controlables, que terminaran exponiéndolos. Supongo, es una manera de cómo empezar a enlazar cabos en una investigación policial con pequeños detalles.
Gracias nuevamente.
Que interesanante, igual la leia y por muy larga que estaba no pude evitar continuar hasta el final.. sabes? llegue a pensar que no era ficticia.
Que buena historia, te felicito tu si que sabes!!
De verdad eres muy buen escritor. Ánimo y continúa.
A mí me queda aún mucho que aprender.
Me gustaría que me leyeras y me dieses tu opinión.
Yo te leeré siempre que pueda pues me gusta tu estilo.
Gracias de antemano.
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