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El poder del saludo

Enseñanzas que deja la experiencia de saludar a todo el mundo durante un mes.

CLICK DEBAJO:

“CURIOSIDADES PARA MUJERES”

Hola a todo el mundo

¿Qué pasaría si, durante un mes, usted saludara a todas las personas?

Diez enseñanzas que le pueden dejar un pequeño cambio.

Hola. Es una de las primeras palabras que aprendemos de bebés, y sin embargo la usamos muy poco de adultos. En nuestro apuro infinito por hacer cosas o llegar a algún lugar, ya casi no tenemos tiempo para ofrecer este elemental gesto de cortesía. Y es una lástima, porque decir “hola” es más que un simple saludo. Es un reconocimiento de existen­cia: aunque breve, es una pausa que hacemos para afirmar el valor del otro (y a la vez el nuestro).

¿Cómo podría cambiar el mundo -y no­sotros- si prodigáramos esta palabra? Para saberlo, leamos lo siguiente:

  1. No es tan fácil como uno cree. Con la edad nos cubrimos con una espe­cie de costra, como la capa endure­cida que le sale a un postre que guar­damos en la heladera. Aunque tal vez sigamos siendo blandos por dentro, eso no es lo que ven los demás. La desconfianza nos atrapa, y nos resulta más difícil levantar la mano y saludar porque eso invita a la gente a acercarse a nosotros.
    “Hablamos con la gente sólo cuando necesitamos algo, y ese es un hábito difícil de romper”.
  2. La cordialidad es tan rara hoy en día que nos desarma. Como nadie está acostumbrado a que lo saluden, cuando se hace sirve para captar la atención de los otros y conseguir lo que se desea. Por ejemplo, si comienza un mensaje electrónico diciendo “Hola”, puede obtener con más frecuencia una respuesta. Y si saluda a los cajeros del supermercado y del banco, me darán un mejor servicio. Es como si los despertara y les hi­ciera notar su presencia.
  3. Saludar mejora la productividad. En uno de los pocos estudios que se han hecho sobre este tema, Allday pidió a profesores de secundaria que saluda­ran individualmente a sus alumnos cada día Esta breve interacción elevó su pro­ductividad en un 27 por ciento. Según Allday ( Profesor de educación especial ),la escuela pasó de ser imperso­nal a personal, lo que se tradujo en una mayor participación en clase y mejo­res calificaciones. (Gerentes, tomen nota: tal vez les convenga decir “buenos días” a todos sus empleados).
  4. Las personas menos atendidas son las más amigables. Los ancianos, los indigentes, los raros … en otras pa­labras, reaccionan con más amabi­lidad. Habituados a sentir la ley del hielo, cualquier señal de atención los alegra y vuelve afectuosos.
  5. El respeto genera respeto. Cuando se saluda con la mano a los automovilistas, ocurre algo inusual: devuelven el saludo y dejan más espacio libre para pasar.
  6. El entorno influye en la afabilidad. Un estudio mostró que era menos probable que la gente de la ciudad de Nueva York le estrechara la mano a un desconocido (lo hizo el 38 por ciento) que la de pueblos pequeños (68 por ciento). Y los ambientes agradables suscitan más holas y sonrisas recíprocas que los desagradables. Asimismo, en sitios vacacionales como las pla­yas la gente es más amigable que la que corría para llegar al trabajo en el centro de la ciudad.
  7. Las ventanillas oscuras deberían estar prohibidas. Un factor aún más crucial es no poder vernos los unos a los otros: o los coches son muy altos, o las ventanillas muy oscuras. Como consecuencia, compartimos el camino con máquinas sin rostro a las cuales no miramos o con las cuales podemos mostrarnos agresivos. Pero hay una excepción: los motociclistas. Si se los saluda parecen felices de ser notados. El riesgo de morir nos vuelve a todos amigos íntimos.
  8. Hay que ser cuidadosos con los chicos. En nuestros días, es lamen­table pero necesario que los chicos des­confíen de los extraños. Después de los conductores, los niños de entre 5 y 15 años son los que menos saludan.
  9. El contacto con la gente nos pone más atentos. Decir hola con fre­cuencia hace divagar menos y concentrarse más. Eso es zen social.
  10. Es un seguro de salud univer­sal. No se puede decir hola sin sonreír. Es como un acto reflejo, y está comprobado por varios estudios que sonreír disminuye la presión ar­terial, fortalece el sistema inmunológico y libera endorfinas. Todo lo ante­rior reduce el estrés, mejora la salud y aumenta el bienestar. Además, hay muchas pruebas de que las sonrisas producen efectos fisiológicos y psi­cológicos similares en quienes las reciben.

Como ve, quizá podría mejorar el mundo con sólo decir “hola”.

No es necesario que salude a todo el mundo: eso podría resultar agobiante. Mejor elija un número (tres, digamos) y propóngase saludar a ese número de desconocidos por día, lo que daría 1.095 holas por año. Es un número con­siderable, ¿no le parece?

Lea también : “Formas de ver un desayuno”

                      

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One Response to “El poder del saludo”

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