De cómo un tipo (yo), medianamente inteligente, lector, instruido y educado en colegios privados se convierte en un ser desechable.
En los años noventa ganaba buen dinero, era gerente de una empresa exitosa y en expansión. Viajaba en avión y dormía en hoteles cinco estrellas. Tenía en mi billetera cuatro tarjetas de crédito y nunca llevaba encima menos de quinientos dólares en efectivo. Compré una casa que modifiqué entera y llegó a costar cien mil dólares.
Mi esposa criaba y edcucaba a nuestros dos hijos varones, y en sus ratos libres, se dedicaba a escribir relatos y cuentos. Debo ser justo. Vivíamos bien, teníamos dos autos pero no eramos afectos al derroche y a la figuración social. Nunca se nos ocurrió pertenecer a un club de ricos, acomodados o nuevos ricos, ni tampoco practicamos deportes caros o sofisticados.
Mi pasatiempo predilecto era comprar libros y buena música. Vestíamos bien y comiamos bien. Con mi esposa nos gustaba salir a cenar solos, o con los chicos, a los mejores restaurantes de la ciudad, hasta allí llegaba nuestra vida social, amén de mantener una buena relación con el resto de la familia. Esa voluntaria limitación de la vida social me salvó de muchas humillaciones que suelen ocurrir cuando uno cae en desgracia.
De todas maneras fui un perfecto idiota.
Cuando el dinero entraba sin dificultades, debí invertir en algún negocio alternativo que me cubriera de las contigencias adversas, y más aún en un país como el mío (Argentina) donde las crisis y los desastres económicos son recurrentes y suceden en promedio cada diez años.
Me autocalifico de perfecto idiota porque debí pensar que ese estado de bonanza no duraría para siempre. Estaba en la plenitud de los cuarenta años. No pensé que el tiempo también es un capital que se agota y con el agravante de que no se recupera nunca más.
Al dinero, tal vez, se lo puede recuperar; al tiempo no porque es tan inexorable como la muerte de la cual nadie, rico o pobre, escapa. Un amigo dice que en la vida solo hay dos democracias posibles: la del inodoro y la de la muerte. Nadie puede evitarlas.
Entré en la franja de los cincuenta años, lucido y sano, pero ya los buenos años se habían acabado. En un mercado y en una sociedad donde los de cincuenta son descartables, no cuentan la experiencia, los conocimientos ni las habilidades adquiridas.
Hoy me debato, con mi esposa y mis hijos, al borde la miseria. No hay casa de cien mil dólares, no hay tarjetas de crédito ni quinientos dólares en el bolsillo. No hay dos autos en la cochera. Golpeo puertas en busca de una oportunidad y todo es en vano.
El tiempo pasa, se consume y ninguna idea salvadora acude a mi mente, los milagros no existen. Los avisos de diario piden empleados de hasta cuarenta años como máximo. Ya no estoy en esa franja. Me ilusiono con algunas promesas de algún conocido pero todo es palabrería.
Nunca consideré la idea de delinquir. No fui formado en esa conducta o ese estilo de vida. Hay muchos que paladean el éxito en el terreno de la delincuencia como estafadores o ladrones de guante blanco. No poseo esa capacidad. No puedo apropiarme con artimañas y engaños de lo que no es mío.
En sintesis, y como conclusión, soy un perfecto idiota y debo asumirme como tal. Mantengo mi buen humor y debo reirme de mi mismo, es la mejor manera de aprender.
No eres ningun idiota,eres un ser demasiado inteligente,tan inteligente que eres capaz de reir de tu propia ” supuesta ” equivocación. que ;mentes con una fortaleza como la tuya siempre salen adelante y realizan lo deseado,convirtiendose en ejemplo de la humanidad. me alegro haberte leido. abrazos.
Pese a la delicada situación en la que te encuentras tienes un bien preciado, el humor y la esperanza. Estos son palos que la vida nos da, nos sirven de experiencia. No eres un perfecto idiota, solo has pecado de sabertelas seguro en la comodidad en la que vivías gracias a tu trabajo. Te deseo suerte.Me ha gustado mucho tu artículo. Un saludo!
Agradezco a Don Lagarto y Lorena S los comentarios que hicieron sobre lo que escribí. Uno trata de mantener el optimismo a toda costa.
I loved as much as you’ll receive carried out right here. The sketch is attractive, your authored material stylish. nonetheless, you command get got an nervousness over that you wish be delivering the following. unwell unquestionably come further formerly again since exactly the same nearly a lot often inside case you shield this increase. – Electronic Cigarettes – http://www.ecigator.com . . .