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El cerrajero

El otro día encontré una llave. Ya ve usted que de vez en vez encuentras algo útil, como una llave. ¿Qué más útil que una llave? Sin la propia, no abres nada, absolutamente nada.

Pero mi llave, siendo la llave legítima, no pudo abrir la alcancía, el por qué, no lo sé, solo sé que no la abrió. Y habiéndome gritado: “Locofish acude al cerrajero. Es lo mejor que te aconsejamos” luego, pues, volé hacia él.

Yo sin pensarlo muchote estando ante el cerrajero, sin titubeos le dije secamente, sé que usted es muy capaz, tan capaz, que la paz  inunda mi ser. Que es el  más útil, inconsútil toditito por no tiene añadiduras. Que es el propio Luzbel con poderes milenarios, oscuros y vagos. Que conoce a la mujer mejor que la misma Eva. Que puede abrir corazones, aunque sean tan peligrosos como lo que se cuenta de Pandora.

Empezó a burlarse de mí, vocifero muy altivo, luego le rodaron lágrimas que centellaban una a una. Tosió, se miro perplejo al espejo - espejo de mil colores que lo dejo todito rojo, verde y por ultimo morado – Empezó de nuevo a toser, a llorar y de vez en cuando a cantar o mejor a tararear. “Soy el más capaz !Qué bien, qué mal! que lo crea un animal. !Qué bien, qué mal¡ que lo crea el calamar….” Salieron mil elefantes del espejo de colores,  bailando un ritmo cubano de bellísima armonía, de pronto y sin imaginármelo siquiera, vino rodando y danzando la finísima alcancía.“Ah caray, ¿Qué me ha pasado? ¿Qué toxico me he tomado? “Que curvas, señor que curvas, por eso es alcancía y no caja fuerte, y aunque lo fuera, también la lucha le haría para poderla yo abrir.

Un alguien me dijo: “No Locofish, no escribas eso, nadie te va a creer: A ver, ¿Qué color tienen los elefantes, qué olor tiene la alcancía?

!Qué preguntas mas sencillas¡ respondí, ¿Qué no miras el espejo, es poco el arco iris para ti, o quizás sea mejor decir que todo es humo, es hollín, es negro, es el vació?. ¿Que olor tiene la alcancía? ¿De verdad me crees muy loco, que no ves en donde ando? ¿Qué no hueles? Ni las mil flores harían lo que mi bella alcancía. Huele a nardo, huele a incienso, y a mil otras maravillas, y ya por ultimo te digo huele a dama, ¿Qué mas quieres?

El cerrajero volvió a reírse, risita hipócrita del que es malévolo, lagrimas de cocodrilo que no tienen significado, vida inerte, infecunda, hueca, vacía, desgraciada, mutilada, qué se yo. Que llore de verdad su pena de no saber casi nada, nada casi hay en su seso, por eso no le hice caso. ¿Qué caso tiene dilatarte con el que nada tiene, con el que nada sabe, con el que ahuyenta el viento y la nube desgajada? ¿Qué poder tiene el que busca sin saber a donde ir, sin saber su derrotero, sin saber que va a morir? Estoy en verdad hastiado, se revuelve mi panza, que remembranzas tengo sin poderme yo salir. Entre gustoso, sin miedo, sin dudar en mi esperanza vine aquí….  y ahora ¿Qué debo hacer? Debo preguntarle a la que creo que es un tanto mía, ¿preguntarle a la alcancía?.

De nuevo la algarabía empezó su vocerío y entre música lejana, entendí lo que decían: “Acude a la alcancía que te quiere deshojar si es que con hojas te cubres, ja, ja, y ja, ja”.

Siguiente diálogo, la bellísima alcancía.

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