El viernes pasado fui a la exhibición “Diálogo en la oscuridad”, una muestra itinerante internacional con una característica particular: no hay nada para ver.
Cuarto salón: música
Pedro nos sugirió que sentáramos o nos acostáramos, en un piso alfombrado. Puso play y escuchamos música y sonidos del día a día, como el timbre de las noticias en la radio o el teléfono. El objetivo de este salón era experimentar aspectos del día a día únicamente a través del oído.
Quinto salón: bar
En el último salón de esta exhibición podíamos comprar comida y bebida. Yo me pedí una bolsa de nachos y una cerveza. Fue toda una experiencia pagar a ciegas.
En el bar nos sentamos alrededor de una mesa y tuvimos la oportunidad de charlar con Pedro. Un “diálogo en la oscuridad” entre el mundo de los videntes y el de los ciegos, donde salieron a luz (perdóneseme la ironía) las inquietudes e ignorancias de quienes no padecemos la ceguera.
Final
Podría profundizar sin final sobre el tema de la ceguera y la diferencia en las formas de experimentar el mundo, ya que para mí la ceguera no es señal de una carencia sino de una diferencia.
Pero en este artículo quisiera limitarme a dos puntos bien llamativos e interesantes. El primero es que Pedro nos mostró cómo su condición de ciego le dio, a diferencia de muchos de nosotros, la ventaja (fíjense, la ventaja) de tener un trabajo con el que se siente realmente comprometido y en el que jamás sufre de la monotonía ni del aburrimiento. “A veces guío a turistas en inglés, a veces a niños escolares y a veces a adultos como ustedes, de manera que cada público es diferente y cada visita es diferente”, nos dijo.
El otro punto también es algo que nos dijo: “Vean cuán relativas son las cosas que hoy ustedes dependieron de mí, del cieguito que ven en la calle y por el cual sienten lástima”.
Son algunos puntos para pensar.
Y para el final, como no se trataba de ningún tren fantasma, Pedro salió al salón iluminado, donde le conocimos físicamente (algo que ya carecía de total relevancia) y nos despedimos.
Muy interesanbte exposición. Tiene que ser toda una experiencia. También llevo años queriendo ir a un restaurante de esos que se come a oscuras.
Sí, también conozco un restaurante así y es una asignatura pendiente. También hay un museo de las mismas características pero de sordomudos, y también iré en su momento.
¡Saludos!