El día internacional de la mujer desde el punto de vista de una estudiante de primer año de bachillerato.
El día viernes 6 marzo de 2009 como cualquier día normal, me dirigí a la escuela con cierto desgano y un poco de dolor de cabeza por la desvelada del día anterior para poder terminar mis tareas escolares.
Todos estaban en clases normales como siempre, los mismos maestros, los mismos compañeros y el mismo salón donde recibimos las clases y también los regaños.
La primera clase transcurrió sin novedades. Si bien el inglés no es mi materia favorita, en esa ocasión no se me hizo tan larga la materia gracias a que el profesor se pasó la mayor parte del tiempo regañando y callando a mis compañeros, así que no hubo mucha oportunidad para que el maestro me hiciera preguntas y yo tuviera que contestarlas en un idioma que me cuesta trabajo. Así que el día iba pintando mejor.
La siguiente clase fue suspendida debido a que se realizó una junta de maestros y toda esa hora fue de relajo, charlas y bromas. Las cosas iban mejorando a medida que avanzaban las horas. Parecía como si algo estuviera sucediendo para convertirse en un día normal. Incluso el dolor de cabeza que tenía en la mañana comenzó a desaparecer y me sentí de mejor humor.
Como a las 11.00 de la mañana a todos los alumnos se nos pidió que pasáramos a ceremonia cívica, en la pequeña cancha de usos múltiples donde cada ocho días nos asoleamos como lagartijas, honrando los símbolos nacionales.
Pero todos nos dimos cuenta de algo inusual. La cancha estaba adornada con globo de diferentes colores pegados en los muros y en los postes donde se coloca la red de volibol y sobre una mesa había varias rosas de color rosado envueltas en un papel blanco.
Todos los grupos se acomodaron en su respectivo lugar. El 4º semestre organizó la ceremonia y todo fue transcurriendo de manera normal, pero pude observar en la cara de mis compañeros de grupo una mirada de duda, como si todos nos preguntáramos que significaban los adornos y las rosas. El tema de la ceremonia fue la celebración del Día de la Mujer.
Empezaron con la escolta, los honores a la bandera, cantamos el himno a México y a Puebla, el juramento a la bandera y se leyeron las efemérides de la semana.
Un compañero recitó un poema dedicado a las mujeres, sin embargo no le presté mucha atención, pues todo el tiempo me la pasé pensando en las rosas que, además, eran de mi color favorito.
Casi al finalizar la ceremonia los alumnos organizadores pasaron a regalar una flor para cada maestra y para cada alumna. Fue un detalle muy lindo y me emocioné porque desde que vi las flores yo quería tener una. También nos regalaron un prendedor de listón rosa, que nos colocaron en el suéter.
Terminó la ceremonia y todos nos retiramos a nuestros salones. Yo iba caminando lentamente observando la rosa y pensando como un día que comenzó teniendo que ir a la escuela, desvelada y con dolor de cabeza, había adquirido un toque de sorpresa y alegría. Lo mejor de todo fue que, con ese pequeño detalle, a todos nos cambió el humor y, al menos por un día, terminábamos nuestras actividades escolares con un aire de cordialidad y buen humor, y todos regresamos a nuestras casas con una disimulada sonrisa.
Pienso que somos muchas chicas en el salón de clases, pero me pregunto cuantas de nosotras sabremos que significa festejar un día para las mujeres. En casa nadie me felicitó, ni a mi mamá, ni a mi abuelita. El día concluyó como cualquier otro día, lo único que cambió es que una rosa de color rosado, adornó la mesa de centro de la sala por todo el fin de semana.