¿Sexo? Política y rock and roll.
Desde aproximadamente los 5 o 6 años tuve un amigo que se llamaba Alejandro. Vivíamos en el barrio de La Loma en la ciudad de La Plata y la pasábamos todo el día juntos.
A medida que íbamos creciendo nos fuimos haciendo dueños de nuestro propio territorio, la calle 24, desde 41 a 43 (dos cuadras). Esto implicaba que si venía un chico nuevo o un familiar de algún vecino de nuestra edad, la ligaba.
Todo nuevo “habitante” debía ser aceptado por nosotros, lo que implicaba que al principio le robábamos todas las figuritas obligándolo a jugar y perder. Si se negaba lo ablandábamos con un par de sopapos, como el nuevo “little boy” a quién apodábamos “el tucumano”, obviamente por haber venido de Tucumán. Le decíamos ¡Pensá tucumano!¡Pensá! Mientras le dábamos unos cachetazos hasta que ponía su dedo índice en la frente simulando que estaba pensando.
Tener nuestro propio territorio significaba que este tenía límites, por lo tanto al cruzar la frontera quedábamos expuestos a sufrir las consecuencias. Un día salí con mi bicicleta nueva a dar una vuelta manzana y del otro lado, en la calle 23, me frenaron y me cagaron a cachetazos. Llegué a mi casa llorando.
Eran tiempos de mucha participación política. Había elecciones y el peronismo estaba proscripto, se presentó con la fórmula “Cámpora – Solano Lima” y ganaron. Al tomar el poder se votó nuevamente pero esta vez se presentó el General Perón, quién había regresado de sus 18 años de exilio en España, integrando la lista “Perón – Perón” (él y su esposa Isabel).
Con una amiga de nombre Analía habíamos hecho un versito para la primer elección y lo escribimos a máquina haciendo muchas copias para repartirlos casa por casa. Todavía lo recuerdo como si fuera hoy. Decía lo siguiente:
Vote al tío Camporita
Con el abuelo Perón
Vote a Ezequiel Martinez
O Balbín solución.
Con Alejandro hablábamos mucho de política aunque no entendíamos un carajo. Su familia era peronista y la mía radical; esto parecía suficiente para exponer nuestros argumentos sobre por qué estar de un lado u otro. Era nuestro escenario político, un momento muy revolucionario.
Nos sentíamos muy amigos y respetábamos nuestros códigos, por lo menos al principio, antes de conocer chicas. ¡Nos creíamos verdaderos mafiosos!.
Cuando se iba su familia de veraneo se negaba a viajar si no iba yo, por lo que estábamos también juntos de vacaciones en la ciudad de Mar del Plata, donde actualmente estoy viviendo.
Fuimos creciendo, comenzamos a conocer “doncellas” y esto hizo que nos aventuráramos a salir cada vez más lejos de nuestro territorio. A los 13 o 14 años nuestras hormonas nos tenían muy mal, teníamos nuestras novias pero no sabíamos que carajo hacer. Solamente les dábamos besos cuando hacíamos algún juego cuyos resultados estaban arreglados.
Recuerdo haberle dicho “si hoy no la pongo no sobreviviré esta noche”, a lo que él me respondió “el día que me case me la voy a pasar encerrado”. Evidentemente entendíamos muy bien de lo que estábamos hablando.
Una vez revisó la mesita de luz de su padre y le afanó dos cajas de preservativos. Conocíamos cuál era su utilidad, pero veíamos esa situación muy lejos para nosotros.
La mesita de luz del padre de Alejandro era una cajita de sorpresas. También encontramos un revólver calibre 38 y procedimos a darle un buen uso, pero en este caso tengo derecho a permanecer callado ya que todo lo que diga puede ser utilizado en mi contra. También tengo derecho a un abogado, pero no fue para tanto.
De la misma manera estuvimos dispuestos a darle un buen uso a los preservativos. Terminaron inflados y atados en las largas antenas de nuestras bicicletas.
Agradable narración de esos hermosos días, todo es aventura, todo pasa al plano de las experiencias.
me encanto!!!